{"id":16628,"date":"2022-09-07T19:28:37","date_gmt":"2022-09-07T23:28:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sochob.cl\/web1\/?p=16628"},"modified":"2022-09-07T19:45:03","modified_gmt":"2022-09-07T23:45:03","slug":"como-la-grasa-nos-indica-que-comamos-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sochob.cl\/web1\/como-la-grasa-nos-indica-que-comamos-mas\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo la grasa nos indica que comamos m\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Los cient\u00edficos descubren c\u00f3mo la grasa activa un mecanismo del intestino al cerebro que nos impulsa a seguir consumiendo m\u00e1s. Sus hallazgos podr\u00edan alg\u00fan d\u00eda conducir a intervenciones para ayudar a tratar la obesidad y los trastornos asociados.<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Costillas cortadas glaseadas en una salsa dulce y pegajosa y cocidas a fuego lento a la perfecci\u00f3n, papas fritas fritas a mano y cubiertas con una generosa capa de crema agria, alitas de pollo rebozadas y doblemente fritas para que permanezcan crujientes durante horas. \u00bfQu\u00e9 tienen estos y otros alimentos deliciosos, pero incre\u00edblemente grasosos, que nos hacen acercarnos y seguir regresando por m\u00e1s? El sabor que tienen en la lengua es una parte de la historia, pero para entender realmente qu\u00e9 impulsa \u00abnuestro insaciable apetito por la grasa\u00bb, tenemos que examinar qu\u00e9 sucede despu\u00e9s de que se consume la grasa, dice Charles Zuker de la Universidad de Columbia, neurocient\u00edfico y genetista molecular que ha sido investigador del Instituto M\u00e9dico Howard Hughes (HHMI) desde 1989.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace dos a\u00f1os, Zuker y su equipo informaron c\u00f3mo el az\u00facar, al llegar al intestino, desencadena se\u00f1ales que se env\u00edan al cerebro, alimentando as\u00ed los antojos de dulces. Ahora, en un art\u00edculo publicado en <em>Nature<\/em> el 7 de septiembre de 2022, describen un circuito similar del intestino al cerebro que subyace a la preferencia por la grasa. \u201cEl intestino es la fuente de nuestro gran deseo de grasa y az\u00facar\u201d, dice Zuker. El tema en cuesti\u00f3n es incre\u00edblemente oportuno, dada la actual epidemia mundial de obesidad. Se estima que el 13% de los adultos en todo el mundo son obesos, el triple que en 1975. En los EE. UU, esa cifra es a\u00fan m\u00e1s alta: un asombroso 42%. \u201cEs un problema de salud muy significativo e importante\u201d, dice Zuker. Tener un \u00edndice de masa corporal alto es un factor de riesgo de accidente cerebrovascular, diabetes y varias otras enfermedades. \u201cEst\u00e1 claro que si queremos ayudar a marcar la diferencia aqu\u00ed, debemos comprender la base biol\u00f3gica de nuestro fuerte apetito por la grasa y el az\u00facar\u201d, dice. Si lo hace, nos ayudar\u00e1 a dise\u00f1ar intervenciones en el futuro para \u00absuprimir este fuerte impulso de consumir\u00bb y combatir la obesidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para dilucidar qu\u00e9 impulsa nuestra preferencia por la grasa, Mengtong Li, asociado postdoctoral en el laboratorio de Zuker en Columbia, dirigi\u00f3 una serie de experimentos con ratones. A partir de varios estudios anteriores, los investigadores sospecharon que esta preferencia ocurre despu\u00e9s de la ingesti\u00f3n, similar a lo que sucede con el az\u00facar. \u201cEl intestino es la fuente de nuestro gran deseo de grasa y az\u00facar\u201d dice Charles Zuker, investigador del HHMI en la Universidad de Columbia. Para probar su hip\u00f3tesis, ofrecieron a los animales dos botellas, una que conten\u00eda un edulcorante artificial y la otra que conten\u00eda grasa. Si bien ambas opciones eran igualmente atractivas al principio, la \u00faltima era la clara favorita 48 horas despu\u00e9s. Debido a que los edulcorantes artificiales env\u00edan se\u00f1ales al cerebro solo al tocar la lengua, pero no despu\u00e9s de haber sido tragados, el cambio de comportamiento de los ratones demostr\u00f3 que la corazonada de los investigadores era correcta: que la grasa contin\u00faa alertando al cerebro de su presencia despu\u00e9s de la ingesti\u00f3n, incluso despu\u00e9s de que alcanza el intestino, impulsando as\u00ed nuestro deseo por \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este ensayo de comportamiento fue un primer paso crucial en el estudio, dice Li. \u201cPorque entonces podr\u00edamos comenzar a diseccionar d\u00f3nde est\u00e1 el circuito de detecci\u00f3n de grasa y ver su impacto tanto en la fisiolog\u00eda como en el comportamiento\u201d.\u202f El circuito va desde el intestino hasta el cerebro, como revelaron otros experimentos con ratones knock-out y varios inhibidores espec\u00edficos de mol\u00e9culas. El equipo descubri\u00f3 que la detecci\u00f3n de grasa ocurre a trav\u00e9s de una serie de pasos: al ingresar al intestino, la grasa se une a receptores especiales; esto, a su vez, transmite se\u00f1ales a las neuronas a trav\u00e9s del eje intestino-cerebro, que luego activa las neuronas en el tronco encef\u00e1lico. El resultado final es que el resto del cerebro recibe un mensaje: se ha consumido grasa y se siente genial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Curiosamente, el equipo identific\u00f3 dos v\u00edas de se\u00f1alizaci\u00f3n paralelas del intestino al cerebro. Uno es activado solo por la grasa intestinal, mientras que el otro es una v\u00eda m\u00e1s gen\u00e9rica que se activa por cualquiera de los tres nutrientes esenciales: grasa, az\u00facar o amino\u00e1cidos. Este \u00faltimo emplea la hormona colecistoquinina (CCK) como neurotransmisor para enviar las se\u00f1ales. \u201cLa biolog\u00eda b\u00e1sica detr\u00e1s de la preferencia por las grasas que han descubierto es realmente fascinante\u201d, dice el neurobi\u00f3logo molecular Stephen Liberles, investigador del HHMI en la Universidad de Harvard que no form\u00f3 parte del nuevo art\u00edculo. A diferencia de nuestro sistema de detecci\u00f3n externo para el tacto, el gusto, el olfato, etc., la interocepci\u00f3n (c\u00f3mo el cuerpo recibe informaci\u00f3n de los \u00f3rganos internos) no se comprende tan bien, dice. \u201cEntonces, la clarificaci\u00f3n de los receptores de las grasas ingeridas es un avance muy emocionante\u201d. El grupo de Zuker ahora est\u00e1 estudiando qu\u00e9 sucede con las se\u00f1ales activadas por la grasa una vez que llegan al tronco encef\u00e1lico. \u201cEllas deben transmitirse al resto del cerebro para activar en \u00faltima instancia los circuitos que te dan esta motivaci\u00f3n para seguir consumiendo grasa\u201d, dice Zuker.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Fuente:<\/strong> https:\/\/www.hhmi.org<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Referencia:<\/strong> Li M, Tan H, Lu Z, et al. Gut-brain circuits for fat preference. Nature, Published: 07 September 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los cient\u00edficos descubren c\u00f3mo la grasa activa un mecanismo del intestino al cerebro que nos impulsa a seguir consumiendo m\u00e1s. Sus hallazgos podr\u00edan alg\u00fan d\u00eda conducir a intervenciones para ayudar a tratar la obesidad y los trastornos asociados. 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