{"id":28687,"date":"2026-11-08T08:49:33","date_gmt":"2026-11-08T12:49:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sochob.cl\/web1\/?p=28687"},"modified":"2026-11-08T08:51:20","modified_gmt":"2026-11-08T12:51:20","slug":"alcohol-y-masld-una-combinacion-peligrosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sochob.cl\/web1\/alcohol-y-masld-una-combinacion-peligrosa\/","title":{"rendered":"Alcohol y MASLD: una combinaci\u00f3n peligrosa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>La enfermedad hep\u00e1tica esteat\u00f3sica asociada a disfunci\u00f3n metab\u00f3lica (MASLD) afecta hasta al 70% de las personas con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y al 90% de aquellas con obesidad grave, constituyendo una de las principales indicaciones de trasplante hep\u00e1tico en Estados Unidos. Aunque tradicionalmente su desarrollo se ha relacionado con la insulinorresistencia y el exceso de adiposidad, existe evidencia creciente de que el consumo de alcohol, incluso en cantidades consideradas leves o moderadas, puede acelerar la progresi\u00f3n del da\u00f1o hep\u00e1tico y aumentar el riesgo de complicaciones cardiometab\u00f3licas.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una revisi\u00f3n publicada en Diabetes Care, Anastasia-Stefania Alexopoulos y Kenneth Cusi analizan la interacci\u00f3n entre el alcohol y los factores de riesgo metab\u00f3licos, sus mecanismos fisiopatol\u00f3gicos y las implicancias para el diagn\u00f3stico y tratamiento de personas con obesidad y diabetes. Los autores destacan que no se ha establecido un nivel de consumo de alcohol que pueda considerarse seguro en pacientes con MASLD, particularmente cuando coexisten factores de riesgo cardiometab\u00f3lico. Desde el punto de vista fisiopatol\u00f3gico, el alcohol ejerce efectos hepatot\u00f3xicos directos e indirectos que se potencian con las alteraciones metab\u00f3licas propias de la obesidad y la DM2. Su metabolismo genera acetaldeh\u00eddo, favorece la acumulaci\u00f3n de triglic\u00e9ridos intrahep\u00e1ticos y promueve estr\u00e9s oxidativo, disfunci\u00f3n mitocondrial, inflamaci\u00f3n y activaci\u00f3n de las c\u00e9lulas estrelladas hep\u00e1ticas. Paralelamente, las alteraciones de la microbiota intestinal y el aumento de la permeabilidad intestinal facilitan la translocaci\u00f3n de productos bacterianos que estimulan mecanismos inflamatorios y fibrog\u00e9nicos. Estos procesos se suman a la lipotoxicidad y glucotoxicidad asociadas a la disfunci\u00f3n metab\u00f3lica, favoreciendo la progresi\u00f3n hacia esteatohepatitis, fibrosis avanzada y cirrosis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La nueva nomenclatura de las enfermedades hep\u00e1ticas esteat\u00f3sicas, introducida en 2023, reconoce esta interacci\u00f3n mediante la categor\u00eda MetALD, que identifica a personas con esteatosis hep\u00e1tica, al menos un factor de riesgo cardiometab\u00f3lico y consumo de alcohol de 20\u201350 g diarios en mujeres o 30\u201360 g diarios en hombres. Cuando la ingesta supera los 50 g diarios en mujeres o los 60 g en hombres, la enfermedad se clasifica como predominantemente asociada al alcohol (ALD). Esta diferenciaci\u00f3n tiene importancia pron\u00f3stica, ya que MetALD se asocia con mayor mortalidad global, hep\u00e1tica y relacionada con c\u00e1ncer que MASLD. Los autores citan estudios que muestran que el riesgo de descompensaci\u00f3n hep\u00e1tica a cinco a\u00f1os aproximadamente se duplica cuando el consumo de alcohol pasa de los niveles correspondientes a MASLD a los que definen MetALD. La susceptibilidad individual tambi\u00e9n est\u00e1 influida por factores gen\u00e9ticos. En particular, las variantes de riesgo del gen PNPLA3 pueden potenciar los efectos perjudiciales del alcohol, la obesidad y la insulinorresistencia sobre el h\u00edgado. En personas con DM2, la presencia de estas variantes se ha asociado con un riesgo m\u00e1s de dos veces superior de eventos hep\u00e1ticos adversos importantes, en comparaci\u00f3n con quienes no presentan el alelo de riesgo. Esta interacci\u00f3n entre predisposici\u00f3n gen\u00e9tica y exposici\u00f3n ambiental contribuye a explicar la considerable variabilidad individual en la progresi\u00f3n de la enfermedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un aspecto central de la revisi\u00f3n es la necesidad de incorporar sistem\u00e1ticamente la evaluaci\u00f3n del consumo de alcohol en la atenci\u00f3n de personas con obesidad, diabetes y MASLD. Los autores recomiendan investigar la cantidad, frecuencia, patrones de consumo y antecedentes de ingesta elevada, utilizando instrumentos validados como el cuestionario de identificaci\u00f3n de trastornos por consumo de alcohol (AUDIT) o su versi\u00f3n abreviada AUDIT-C. Tambi\u00e9n destacan la utilidad de la fosfatidiletanol (PEth), un biomarcador sangu\u00edneo que permite detectar exposici\u00f3n al alcohol durante las dos o tres semanas anteriores. Concentraciones inferiores a 20 ng\/mL sugieren abstinencia o consumo bajo, mientras que valores entre 20 y 200 ng\/mL pueden orientar hacia MetALD y concentraciones superiores a 200 ng\/mL son m\u00e1s compatibles con ALD. Sin embargo, estos umbrales son orientativos, se basan parcialmente en opini\u00f3n de expertos y no permiten establecer por s\u00ed solos el diagn\u00f3stico ni cuantificar directamente el alcohol ingerido. Adem\u00e1s, sus concentraciones pueden verse afectadas por situaciones como la anemia hemol\u00edtica o las transfusiones sangu\u00edneas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La evaluaci\u00f3n cl\u00ednica debe complementarse con la estratificaci\u00f3n del riesgo de fibrosis mediante herramientas no invasivas. Los autores proponen utilizar el \u00edndice FIB-4, considerando valores superiores a 1,3, o superiores a 2,0 en personas de 65 a\u00f1os o m\u00e1s, como criterios que requieren mayor evaluaci\u00f3n. En su algoritmo, valores de FIB-4 superiores a 2,67, una prueba de fibrosis hep\u00e1tica mejorada (ELF) superior a 9,8 o una rigidez hep\u00e1tica mediante elastograf\u00eda de al menos 8 kPa justifican la derivaci\u00f3n a hepatolog\u00eda. Tambi\u00e9n proponen vigilancia peri\u00f3dica de los factores de riesgo cardiometab\u00f3lico y de la fibrosis hep\u00e1tica, generalmente cada uno a dos a\u00f1os, seg\u00fan el contexto cl\u00ednico. Respecto del tratamiento, la modificaci\u00f3n del estilo de vida, el control de los factores de riesgo cardiometab\u00f3lico y la reducci\u00f3n del consumo de alcohol constituyen pilares fundamentales. Los autores destacan que la abstinencia alcoh\u00f3lica es un objetivo central en MetALD, mientras que en MASLD las recomendaciones contemplan limitar el consumo y abstenerse cuando existe fibrosis cl\u00ednicamente significativa. En relaci\u00f3n con el peso corporal, una reducci\u00f3n superior al 5 % puede revertir la esteatosis hep\u00e1tica, mientras que p\u00e9rdidas iguales o superiores al 10 % pueden favorecer la resoluci\u00f3n de la esteatohepatitis y la mejor\u00eda de la fibrosis, aunque la respuesta presenta una considerable variabilidad individual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los autores destacan los beneficios de los agonistas del receptor del p\u00e9ptido similar al glucag\u00f3n tipo 1 (GLP-1) y de los agonistas duales GIP\/GLP-1, particularmente semaglutida y tirzepatida, para el tratamiento de la obesidad, la DM2 y la enfermedad hep\u00e1tica metab\u00f3lica. En un ensayo cl\u00ednico aleatorizado de fase 3, semaglutida 2,4 mg semanal logr\u00f3 la resoluci\u00f3n de la esteatohepatitis sin empeoramiento de la fibrosis en el 62,9 % de los participantes, frente al 34,3% con placebo. Asimismo, se observ\u00f3 reducci\u00f3n de la fibrosis en el 32,7% y el 16,1%, respectivamente. Estos resultados corresponden a pacientes con esteatohepatitis asociada a disfunci\u00f3n metab\u00f3lica (MASH) y no pueden extrapolarse directamente a MetALD, debido a la limitada evidencia espec\u00edfica disponible en esta poblaci\u00f3n. Un aspecto especialmente novedoso es el posible efecto de los agonistas del receptor GLP-1 sobre el consumo de alcohol. Estudios preliminares sugieren que estos f\u00e1rmacos podr\u00edan modular los circuitos cerebrales de recompensa y reducir el deseo de beber. En un estudio retrospectivo de m\u00e1s de 80.000 personas con obesidad, el tratamiento con semaglutida se asoci\u00f3 con un riesgo relativo entre un 50% y un 56% menor de aparici\u00f3n o recurrencia de trastornos por consumo de alcohol, en comparaci\u00f3n con otros medicamentos utilizados para tratar la obesidad. Sin embargo, por tratarse de un estudio observacional, estos resultados no demuestran causalidad. Por otra parte, un ensayo cl\u00ednico aleatorizado mostr\u00f3 que semaglutida redujo el n\u00famero de bebidas consumidas por d\u00eda de ingesta, con una diferencia estimada de \u22120,41 bebidas respecto del comparador (IC del 95%: \u22120,73 a \u22120,09; p = 0,04), adem\u00e1s de disminuir el deseo semanal de consumir alcohol. Aunque estos hallazgos son prometedores, los autores subrayan que la evidencia contin\u00faa siendo preliminar y que los agonistas GLP-1 no constituyen tratamientos aprobados espec\u00edficamente para los trastornos por consumo de alcohol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En pacientes con trastorno por consumo de alcohol, la revisi\u00f3n destaca la importancia de la derivaci\u00f3n a profesionales especializados y del empleo de intervenciones conductuales y tratamientos farmacol\u00f3gicos espec\u00edficos cuando corresponda. Tambi\u00e9n advierte que determinados medicamentos utilizados para el tratamiento de la obesidad, as\u00ed como la cirug\u00eda bari\u00e1trica, requieren precauciones particulares en personas con MetALD o consumo elevado de alcohol. La evidencia sobre la eficacia y seguridad de las intervenciones farmacol\u00f3gicas para MASLD en pacientes con MetALD sigue siendo insuficiente, lo que constituye una importante limitaci\u00f3n para establecer recomendaciones terap\u00e9uticas espec\u00edficas. En conclusi\u00f3n, esta revisi\u00f3n plantea un cambio relevante en el abordaje cl\u00ednico de la enfermedad hep\u00e1tica metab\u00f3lica: el consumo de alcohol debe reconocerse como un factor modificable que puede potenciar el da\u00f1o hep\u00e1tico y el riesgo cardiometab\u00f3lico, incluso cuando su ingesta no alcanza niveles tradicionalmente considerados elevados. La identificaci\u00f3n de MetALD permite reconocer a una poblaci\u00f3n con caracter\u00edsticas y riesgos particulares, cuyo manejo requiere evaluar conjuntamente la exposici\u00f3n al alcohol, la obesidad, la diabetes, la fibrosis hep\u00e1tica y el riesgo cardiovascular. Los autores enfatizan que la detecci\u00f3n precoz, las intervenciones dirigidas a reducir o suspender el consumo de alcohol y el tratamiento integral de la disfunci\u00f3n metab\u00f3lica son componentes esenciales para prevenir la progresi\u00f3n hacia cirrosis y reducir las complicaciones cardiovasculares. No obstante, persiste la necesidad de desarrollar estudios espec\u00edficos que permitan establecer las estrategias diagn\u00f3sticas y terap\u00e9uticas m\u00e1s eficaces y seguras en pacientes con MetALD.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Fuente:<\/strong> SOCHOB<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Referencia:<\/strong> Alexopoulos AS, Cusi K. <a href=\"https:\/\/www.sochob.cl\/web1\/wp-content\/uploads\/2026\/11\/Integrating-Alcohol-Use-Into-MASLD-Care-A-Practical-Guide-for-Diabetes-and-Obesity-Care-Teams.pdf\">Integrating alcohol use into MASLD Care: A practical guide for diabetes and obesity care teams.<\/a> Diabetes Care 2026;49:1917\u20131927.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La enfermedad hep\u00e1tica esteat\u00f3sica asociada a disfunci\u00f3n metab\u00f3lica (MASLD) afecta hasta al 70% de las personas con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y al 90% de aquellas con obesidad grave, constituyendo una de las principales indicaciones de trasplante hep\u00e1tico en Estados Unidos. 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