EL CAMBIO DE PARADIGMA EN LA EVALUACIÓN DE LA OBESIDAD: DE LA MÉTRICA DEL PESO A LA BIOLOGÍA DE LA ADIPOSIDAD

Históricamente, el diagnóstico de la obesidad se ha cimentado en el Índice de Masa Corporal (IMC) debido a su practicidad y bajo costo. Sin embargo, su validez científica ha sido cuestionada sistemáticamente por su incapacidad para distinguir entre la masa libre de grasa y el tejido adiposo, así como por ignorar la distribución regional de este último. Esta limitación es crítica, ya que es la grasa visceral, y no el peso total, el principal motor de la disfunción metabólica.

En respuesta a este desfase clínico, la Comisión de Diabetes y Endocrinología de The Lancet propuso recientemente una redefinición de la obesidad que trasciende la báscula. Esta nueva clasificación integra medidas antropométricas —circunferencia de la cintura (CC), índice cintura-cadera (ICC) e índice cintura-talla (ICT)— para subcategorizar la enfermedad en obesidad preclínica (exceso de grasa sin daño orgánico aparente) y obesidad clínica. Un estudio de impacto publicado en JAMA Network Open por la Dra. Nora M. Al-Roub y colaboradores ha puesto a prueba estos criterios, revelando una realidad epidemiológica sin precedentes en la población estadounidense.

Metodología: Un análisis poblacional masivo

Utilizando la base de datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) entre 2017 y 2023, los investigadores analizaron una muestra de 14.414 participantes, representativa de 237,7 millones de adultos. El estudio comparó la prevalencia de la obesidad bajo el estándar clásico (IMC ≥ 30) frente a la nueva definición multivariable. Se incluyeron ajustes específicos para la población asiática y se evaluaron diferentes puntos de corte, siguiendo estrictamente las guías de reporte STROBE.

Resultados: La Reclasificación de una nación

Los hallazgos del equipo de Al-Roub son disruptivos y sugieren que la carga real de la obesidad ha sido gravemente subestimada:

  • Explosión de la prevalencia: Mientras que el IMC tradicional cataloga con obesidad a cerca del 40% de la población, la integración de criterios antropométricos dispara la cifra al 75,2%. Esto significa que 3 de cada 4 adultos en EEUU. presentan exceso de adiposidad patológica.
  • El mito del «peso normal»: El estudio reveló que el 38,5% de los adultos con un IMC inferior a 25 (considerado saludable) presentan realmente obesidad según su distribución de grasa central. Este grupo representa a millones de personas con riesgo metabólico «invisible» para el sistema de salud.
  • Sobrepeso vs. enfermedad: Entre quienes se encuentran en el rango de sobrepeso (IMC 25 – 29,9), el 80,4% fueron reclasificados con obesidad. Esto sugiere que el «sobrepeso» es, en la mayoría de los casos, obesidad clínica o preclínica en etapa temprana.
  • Sensibilidad del índice cintura-talla (ICT): El marcador más prevalente fue un ICT > 0,50, presente en el 80% de los adultos. Incluso al aplicar un umbral más estricto (> 0,60), la prevalencia de obesidad se mantuvo en un alarmante 58,4%.

Discusión: Factores Demográficos y Envejecimiento

El estudio destaca una preocupante tendencia relacionada con la edad: la prevalencia de la obesidad aumenta drásticamente con los años, alcanzando el 92,3% en personas de 70 a 79 años. Este fenómeno refleja la redistribución adiposa senescente, donde la pérdida de masa muscular es enmascarada por un aumento de la grasa abdominal, un riesgo que el IMC no logra capturar.

En términos étnicos, los adultos hispanos presentaron la mayor prevalencia (81,4%), lo que subraya la necesidad de criterios diagnósticos que consideren las variaciones biológicas en la composición corporal entre diferentes poblaciones.

Conclusión: Implicaciones para la Práctica Clínica y la Salud Pública

El trabajo de Al-Roub et al. (2025) marca un punto de inflexión. Si la obesidad afecta a tres cuartas partes de la población adulta, las implicaciones son sistémicas:

  • Cribado de riesgo: Es urgente implementar la medición de la circunferencia de la cintura y el cálculo del ICT en la consulta de atención primaria.
  • Acceso a tratamiento: La nueva definición podría expandir los criterios de elegibilidad para intervenciones farmacológicas (como los agonistas de GLP-1) y quirúrgicas en pacientes que actualmente no califican por tener un IMC «bajo».
  • Sostenibilidad del sistema: Los resultados demandan una reasignación de recursos y políticas de prevención primaria mucho más agresivas.

Aunque los autores enfatizan la necesidad de seguir investigando los puntos de corte óptimos para evitar el sobrediagnóstico, el mensaje es irrefutable: la era de depender exclusivamente del IMC ha terminado. La medicina del siglo XXI debe enfocarse en la calidad, función y distribución del tejido adiposo para enfrentar con éxito la crisis metabólica global.

Referencia: Al-Roub NM, Malik D, Essa M, et al. Body Mass Index and Anthropometric Criteria to Assess Obesity. JAMA Netw Open. 2025 Dec 29;8(12):e2549124.