¿ES HORA DE CATALOGAR LA FIBRA COMO NUTRIENTE ESENCIAL?

Durante décadas, la comunidad médica ha observado la fibra dietética con una mezcla de respeto y subestimación. Se la reconoce como un aliado contra el estreñimiento y un factor protector en enfermedades crónicas, pero, paradójicamente, el canon nutricional aún no la reconoce como un nutriente esencial. Esta distinción no es semántica: lo que se define como «esencial» dicta la prioridad en las políticas de salud pública, la formación de los clínicos y las intervenciones en el pie de cama del paciente.

Hoy, con una base sólida de evidencia epidemiológica, endocrinológica y microbiológica, surge una propuesta audaz: es momento de otorgar a la fibra el estatus que merece. Nuestra biología está diseñada para una carga de fibra que hoy parece inimaginable. Mientras nuestros ancestros agrarios procesaban cerca de 100 g diarios, el ciudadano moderno apenas alcanza los 12-22 g. Este «vacío de fibra» ha corrido paralelo a la explosión de las enfermedades no transmisibles (ENT). La hipótesis de Trowell y Burkitt de los años 70, que vinculaba las «dietas occidentales» con la enfermedad coronaria, la diabetes tipo 2 y el cáncer colorrectal, ha pasado de ser una observación clínica a una certeza estadística respaldada por metaanálisis de dosis-respuesta.

Fisiopatología de la carencia: Más allá del bolo fecal

La esencialidad de la fibra se manifiesta en su compleja interacción metabólica. No es solo un residuo inerte; es un modulador activo. Al consumir fibra, desencadenamos una cascada de beneficios:

  • Eje lipídico: La fibra promueve la excreción de ácidos biliares, obligando al hígado a aumentar el aclaramiento de LDL.
  • Respuesta glucémica: Actúa como un amortiguador de la glucemia posprandial, mejorando la sensibilidad a la insulina y reduciendo la hemoglobina glucosilada ($HbA_{1c}$).
  • Efecto incretina: Modera la secreción de hormonas intestinales, regulando la saciedad y el peso corporal.
El microbioma como «órgano» dependiente de fibra

La vía más fascinante hacia la esencialidad es el microbioma colónico. La fibra es el sustrato clave para la fermentación anaeróbica, el único proceso de este tipo en la digestión humana. Los subproductos de esta simbiosis —los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) como el acetato, propionato y butirato— son vitales para el huésped. El butirato no solo alimenta al epitelio del colon, sino que actúa como un guardián genético inhibiendo la histona desacetilasa. El acetato circula periféricamente, ofreciendo energía por una vía no insulinémica. Cuando la fibra escasea, el ecosistema intestinal colapsa: las bacterias recurren a la degradación de proteínas, generando metabolitos tóxicos como el amoníaco y el sulfuro, desencadenando procesos proinflamatorios que subyacen en patologías que van desde la aterosclerosis hasta enfermedades desmielinizantes.

La disbiosis como síndrome de deficiencia

El obstáculo histórico para declarar la fibra como esencial ha sido la falta de un «estado de deficiencia reversible» claramente definido. Los autores proponen que la disbiosis intestinal —un desequilibrio de taxones que altera la relación huésped-microbioma— es, en sí misma, la enfermedad por deficiencia de fibra. La evidencia es prometedora: estudios muestran que los marcadores de disbiosis se revierten con el aumento de la ingesta de fibra. Gracias a las tecnologías «ómicas», hoy podemos mapear esta deficiencia con precisión molecular, permitiendo desarrollar valores de referencia que restauren la función metabólica óptima.

Un imperativo para la salud global

Reconocer la fibra como nutriente esencial obligaría a una reforma estructural en la nutrición humana. Desde el etiquetado de alimentos e incentivos fiscales para granos integrales y legumbres, hasta programas de educación médica que trasciendan el consejo simplista. Si la fibra es esencial, su carencia en la dieta de nuestros pacientes debería ser tratada con la misma urgencia clínica que cualquier otra deficiencia vitamínica o mineral. Elevar el estatus de la fibra no es solo un ajuste técnico; es la herramienta más poderosa y accesible que tenemos para reducir la carga mundial de enfermedades crónicas y reconciliar nuestra biología ancestral con el mundo moderno.

Referencia:  Reynolds AN,  Cummings J, Tannock G, et al. Dietary fibre as an essential nutrient. Nature Food. Published: