OBESIDAD INFANTIL: NUEVOS ENFOQUES TERAPÉUTICOS

La obesidad infantil constituye uno de los principales desafíos de salud pública y actualmente se reconoce como una enfermedad crónica, multifactorial y de evolución potencialmente persistente, cuyas consecuencias metabólicas y cardiovasculares pueden comenzar a manifestarse desde edades tempranas. En una revisión publicada en octubre de 2026 en la revista JAMA, Fox, Armstrong y Kelly analizan la epidemiología, los factores de riesgo, el diagnóstico y las alternativas terapéuticas de la obesidad en niños de 2 a 12 años, destacando la importancia de intervenir precozmente para mejorar su salud y disminuir las complicaciones a largo plazo.

En Estados Unidos, la obesidad afecta aproximadamente al 15% de los niños de 2 a 5 años y al 22% de aquellos de 6 a 11 años. Su importancia clínica trasciende el exceso de adiposidad, debido a su asociación con dislipidemia, hipertensión arterial, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), apnea obstructiva del sueño y deterioro de la calidad de vida. Además, los niños con obesidad tienen una probabilidad aproximadamente cinco veces mayor de presentar obesidad durante la adultez en comparación con aquellos de peso normal, aumentando su exposición futura a diabetes mellitus tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Esta asociación no implica que todos los niños con obesidad necesariamente mantendrán esta condición en la vida adulta. La obesidad infantil tiene un importante componente genético, cuya expresión está modulada por factores ambientales, metabólicos, familiares y conductuales. Entre los factores asociados se encuentran la obesidad materna, la diabetes gestacional, el aumento acelerado de peso durante los primeros años de vida y las condiciones sociales que favorecen ambientes obesogénicos. Esta compleja interacción contribuye a explicar por qué la obesidad no puede atribuirse exclusivamente a hábitos alimentarios inadecuados o a una actividad física insuficiente.

Para su diagnóstico, los autores recomiendan evaluar sistemáticamente el índice de masa corporal (IMC) desde los 2 años, utilizando curvas de crecimiento específicas para edad y sexo. La obesidad se define por un IMC igual o superior al percentil 95, mientras que la obesidad grave corresponde a un IMC igual o superior al 120% del valor del percentil 95. Aunque el IMC constituye una estimación indirecta de la adiposidad, es una herramienta clínica útil para identificar a los niños que requieren evaluación de comorbilidades e intervención terapéutica. El tratamiento intensivo de los hábitos de vida y de las conductas relacionadas con la salud constituye uno de los pilares fundamentales del manejo de la obesidad infantil. Este enfoque requiere la participación activa del niño y sus cuidadores, integrando educación nutricional, actividad física y estrategias conductuales orientadas a establecer cambios sostenibles. Los programas con mayor respaldo científico contemplan al menos 26 horas de intervención durante un período de 3 a 12 meses y se asocian con una reducción promedio de 0,7 unidades del IMC en comparación con los niños que no reciben tratamiento intensivo. Aunque la magnitud de la reducción de adiposidad suele ser moderada, estas intervenciones representan una estrategia fundamental para mejorar la salud y favorecer hábitos saludables desde la infancia.

Uno de los aspectos más relevantes de la revisión es el creciente interés por la farmacoterapia de la obesidad en menores de 12 años, un grupo que históricamente ha contado con escasas alternativas terapéuticas. La setmelanotida, un agonista del receptor de melanocortina 4 (MC4R), constituye una opción aprobada por la FDA para determinadas formas infrecuentes de obesidad, entre ellas las relacionadas con alteraciones genéticas de POMC, PCSK1 y LEPR, el síndrome de Bardet-Biedl y la obesidad hipotalámica adquirida, según las indicaciones y edades autorizadas. Es importante destacar que este medicamento no está aprobado para el tratamiento de la obesidad infantil común o poligénica.

Los agonistas del receptor GLP-1 representan una alternativa terapéutica prometedora. Aunque la liraglutida está aprobada por la FDA para el tratamiento de la obesidad a partir de los 12 años, un ensayo clínico aleatorizado realizado en niños de 6 a menos de 12 años demostró una reducción porcentual del IMC 7,4 puntos porcentuales mayor que placebo. Este resultado proporciona evidencia de eficacia en edades más tempranas, aunque no implica que el medicamento cuente con aprobación general para tratar la obesidad en menores de 12 años. Persisten interrogantes sobre su seguridad a largo plazo, la duración óptima del tratamiento y sus posibles efectos durante períodos críticos del crecimiento y desarrollo. Por otra parte, la cirugía metabólica y bariátrica tiene una aplicación excepcional en niños menores de 12 años, debido a la limitada evidencia disponible sobre sus resultados y seguridad a largo plazo en este grupo etario.

Los autores enfatizan que el tratamiento de la obesidad infantil debe iniciarse oportunamente, sin esperar necesariamente a la aparición de complicaciones metabólicas. La identificación precoz, la evaluación integral de las comorbilidades y el acceso a intervenciones intensivas adaptadas a la gravedad de la enfermedad y a las características del niño y su familia constituyen elementos fundamentales del manejo clínico. Asimismo, las intervenciones deben desarrollarse en un entorno respetuoso, evitando la estigmatización relacionada con el peso. En conclusión, la obesidad entre los 2 y 12 años no debe considerarse una condición transitoria ni exclusivamente estética, sino una enfermedad que puede comprometer la salud presente y futura. Aunque las intervenciones intensivas sobre los hábitos de vida continúan siendo fundamentales, los avances en farmacoterapia, particularmente los tratamientos basados en incretinas, podrían ampliar las alternativas terapéuticas en los próximos años. Sin embargo, su incorporación en edades más tempranas deberá sustentarse en evidencia sólida sobre eficacia, seguridad y efectos sobre el crecimiento y desarrollo. El diagnóstico y tratamiento precoces representan una oportunidad para modificar la trayectoria de la obesidad y reducir el riesgo de complicaciones metabólicas y cardiovasculares durante la vida adulta.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Fox CK, Armstrong SC, Kelly AS. Obesity in children aged 2 to 12 years: a review. JAMA. Published online October 21, 2026.