NUEVA GUÍA 2026 SOBRE EL MANEJO DE LA DISLIPIDEMIA

Las nuevas recomendaciones publicadas por el American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA) actualizan el enfoque para el manejo de las dislipidemias con el objetivo de reducir de forma más efectiva el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD), principal causa de muerte a nivel mundial. La guía integra en un único documento las estrategias actuales para la evaluación del riesgo cardiovascular y el tratamiento de las alteraciones lipídicas, considerando tanto intervenciones en el estilo de vida como terapias farmacológicas. Se estima que aproximadamente uno de cada cuatro adultos presenta niveles elevados de colesterol LDL, lo que incrementa significativamente el riesgo de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular.

Un eje central del documento es la intervención temprana para reducir la exposición acumulativa a lipoproteínas aterogénicas. Las recomendaciones enfatizan la adopción de estilos de vida saludables —mantener un peso adecuado, realizar actividad física regular, evitar el tabaquismo y promover un sueño adecuado— como primera línea terapéutica. Sin embargo, la guía señala que cuando los niveles de lípidos permanecen elevados tras optimizar estas medidas, se debe considerar iniciar tratamiento farmacológico en etapas más tempranas que en el pasado, con el objetivo de lograr niveles más bajos de colesterol LDL durante más tiempo a lo largo de la vida.

Una innovación relevante es la incorporación de la nueva calculadora de riesgo PREVENT-ASCVD, diseñada para estimar el riesgo de eventos cardiovasculares a 10 y 30 años en adultos de 30 a 79 años sin enfermedad cardiovascular conocida. Esta herramienta clasifica el riesgo en cuatro categorías: bajo (<3%), límite (3–<5%), intermedio (5–<10%) y alto (≥10%). Estas categorías orientan la decisión de iniciar terapia hipolipemiante y determinar su intensidad. Además, el cálculo del riesgo puede refinarse mediante la evaluación de “potenciadores de riesgo”, que incluyen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, enfermedades inflamatorias crónicas, condiciones cardiometabólicas como obesidad, diabetes o enfermedad renal crónica, determinados antecedentes reproductivos y factores genéticos o étnicos.

La guía también recomienda ampliar la evaluación del riesgo mediante biomarcadores adicionales. En particular, se propone medir lipoproteína(a) al menos una vez en la vida adulta, dado que niveles elevados se asocian con un aumento significativo del riesgo cardiovascular a largo plazo. Asimismo, la apolipoproteína B (apoB) puede ser útil para evaluar riesgo residual en pacientes con triglicéridos elevados, diabetes o síndrome cardiometabólico. En casos de incertidumbre diagnóstica, se sugiere el uso selectivo de la puntuación de calcio coronario (CAC) para detectar aterosclerosis subclínica y orientar decisiones terapéuticas.

Las nuevas directrices reintroducen objetivos explícitos de colesterol LDL según el nivel de riesgo cardiovascular. En prevención primaria, se recomienda un LDL-C <100 mg/dl en personas con riesgo límite o intermedio y <70 mg/dl en individuos de alto riesgo. En prevención secundaria, especialmente en pacientes con ASCVD y riesgo muy alto de eventos recurrentes, el objetivo se reduce a <55 mg/dl. La evidencia acumulada sugiere que niveles cada vez más bajos de LDL se asocian con reducciones adicionales en eventos cardiovasculares.

En cuanto al tratamiento farmacológico, las estatinas continúan siendo la base de la terapia hipolipemiante. Cuando los objetivos no se alcanzan con estatinas y cambios en el estilo de vida, la guía recomienda añadir terapias no estatínicas, entre ellas ezetimiba, ácido bempedoico o inhibidores de PCSK9. El inclisirán, un agente basado en interferencia de ARN que reduce la síntesis hepática de PCSK9 y requiere administración menos frecuente, se menciona como una opción emergente aún en evaluación para demostrar beneficios clínicos en eventos cardiovasculares. El documento también aborda el manejo de la hipertrigliceridemia, donde las modificaciones del estilo de vida y las estatinas siguen siendo fundamentales, aunque pueden requerirse terapias adicionales dependiendo del riesgo de ASCVD o pancreatitis. Asimismo, se establecen recomendaciones específicas para poblaciones de mayor riesgo, incluyendo pacientes con diabetes, enfermedad renal crónica, infección por VIH o en tratamiento oncológico.

Finalmente, la guía subraya la importancia de la detección precoz del colesterol elevado desde la infancia, recomendando el tamizaje entre los 9 y 11 años, especialmente para identificar hipercolesterolemia familiar u otros factores de riesgo tempranos. En conjunto, estas recomendaciones refuerzan el concepto de que la reducción temprana y sostenida de las lipoproteínas aterogénicas es clave para disminuir la carga global de enfermedad cardiovascular a lo largo de la vida.

Fuente: American Heart Association

Referencia: Blumenthal RS, Morris PB, Gaudino M, et al. 2026 ACC/AHA/AACVPR/ABC/ACPM/ADA/AGS/APhA/ASPC/NLA/PCNA Guideline on the Management of Dyslipidemia: A Report of the American College of Cardiology/American Heart Association Joint Committee on Clinical Practice Guidelines. J Am Coll Cardiol. 2026 Mar 13:S0735-1097(25)10254-4.