LA OBESIDAD SE DESACELERA EN PAÍSES RICOS Y SE ACELERA EN NACIONES POBRES

La obesidad se ha transformado en una de las pandemias más importantes del siglo XXI. Aunque prácticamente todos los países han experimentado un aumento sostenido de esta enfermedad durante las últimas décadas, las trayectorias no han sido iguales en todo el mundo. Mientras varias naciones desarrolladas comienzan a mostrar señales de estabilización, muchos países de ingresos bajos y medios presentan un crecimiento acelerado de la obesidad, especialmente en niños y adolescentes.

Un amplio estudio publicado en la revista Nature por la NCD Risk Factor Collaboration analizó datos de 232 millones de personas provenientes de más de 4.000 estudios poblacionales realizados entre 1980 y 2024 en 200 países y territorios.

Una pandemia global, pero desigual

La principal conclusión del estudio es contundente: la obesidad ha aumentado en casi todos los países durante los últimos 45 años. Esto sugiere la existencia de una poderosa “fuerza obesogénica” global que continúa impulsando el aumento del peso corporal a nivel poblacional, pese a las campañas de salud pública y al creciente conocimiento sobre sus consecuencias. Sin embargo, la velocidad de crecimiento difiere marcadamente entre regiones.

En países de altos ingresos —como Europa Occidental, América del Norte y Australasia— las tasas de obesidad comenzaron a aumentar antes, pero actualmente muchas de sus curvas muestran signos de desaceleración o estancamiento. En algunos casos, incluso se observan leves descensos, especialmente en niños y adolescentes. Por el contrario, en numerosos países de ingresos bajos y medios, la epidemia apareció más tarde, pero actualmente avanza con mayor rapidez. Esta aceleración es especialmente evidente en regiones de Asia, África, América Latina, el Caribe y las islas del Pacífico.

La obesidad: mucho más que exceso de peso

Hoy, más de mil millones de personas viven con obesidad, equivalente a cerca de una de cada ocho personas en el mundo. La obesidad no solo implica acumulación de grasa corporal. Se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedad renal, daño hepático, trastornos respiratorios y problemas musculoesqueléticos. Además, durante la pandemia de COVID-19 quedó demostrado que las personas con obesidad tenían mayor riesgo de hospitalización, complicaciones graves y mortalidad. Paradójicamente, la obesidad también es considerada una forma de malnutrición, ya que representa un desequilibrio en la calidad y cantidad de nutrientes consumidos.

¿Qué impulsa esta epidemia?

Aunque existen múltiples factores involucrados —biológicos, conductuales, económicos, sociales y culturales— todavía no existe una teoría única que explique completamente por qué la obesidad continúa expandiéndose a nivel mundial. Uno de los factores que ha ganado mayor relevancia es el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados. La serie de artículos publicada por The Lancet destacó que estos productos, generalmente densos en calorías, altamente palatables y de rápida ingesta, favorecen el “sobreconsumo pasivo” de energía y contribuyen significativamente a la pandemia de obesidad. La urbanización, el reemplazo del trabajo físico por actividades sedentarias y los cambios en los sistemas alimentarios también han modificado profundamente los estilos de vida en países en desarrollo.

La “transición de la obesidad”

Los investigadores plantean que los distintos patrones observados podrían explicarse mediante la llamada “transición de la obesidad”. Según esta teoría, la epidemia evoluciona en etapas: En una primera fase, la obesidad aparece principalmente en mujeres urbanas y de mayores ingresos. Posteriormente, el aumento se extiende a hombres y niños. Más adelante, la obesidad pasa a concentrarse en grupos socioeconómicos más vulnerables. Finalmente, algunos países podrían entrar en una etapa de estabilización o incluso descenso de las tasas.

Los resultados sugieren que ciertos países europeos, como Francia, Portugal e Italia podrían estar comenzando esta fase de descenso, posiblemente gracias a tradiciones alimentarias más saludables y menor dependencia de alimentos ultraprocesados en comparación con otras naciones occidentales.

El papel de la riqueza y la cultura

El aumento del producto interno bruto (PIB) se asocia de forma importante con el incremento de la obesidad, especialmente en países que atraviesan etapas iniciales de desarrollo económico. A medida que las sociedades se enriquecen, aumentan el acceso a alimentos industrializados, el transporte motorizado y los estilos de vida sedentarios. Sin embargo, factores culturales y sociales pueden modificar esta trayectoria. La mayor cobertura mediática sobre obesidad desde comienzos de los años 2000 probablemente aumentó la conciencia pública y favoreció cambios individuales e institucionales en algunos países ricos.

Una crisis que requiere estrategias diferentes

Los autores concluyen que ya no es posible considerar la obesidad como una única epidemia global homogénea. Cada país presenta trayectorias distintas, influenciadas por factores económicos, culturales, alimentarios y políticos. Por ello, combatir la obesidad requerirá estrategias adaptadas a cada realidad local, incluyendo: políticas alimentarias más estrictas, reducción del consumo de ultraprocesados, educación nutricional, promoción de actividad física, y fortalecimiento de los sistemas de salud pública. La investigación también deja una pregunta abierta: comprender qué factores logran desacelerar la obesidad en algunos países podría ser clave para frenar esta pandemia en el resto del mundo.

Fuente: SOCHOB

Referencia: NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC). Obesity rise plateaus in developed nations and accelerates in developing nations. Nature 2026;653:510-518.

Swinburn B. Obesity has risen in all countries – but at a faster pace in poorer ones. Nature 2026;653:353-354.