ALIMENTACIÓN SALUDABLE PARA LA PREVENCIÓN DEL CÁNCER EN CHILE

De acuerdo con el reciente policy brief elaborado por investigadoras e investigadores de la Universidad de Chile y del Centro para la Prevención y el Control del Cáncer (CECAN) el panorama epidemiológico del cáncer en Chile es crítico, consolidándose desde 2019 como una de las principales causas de muerte en el país. En 2022 se registraron más de 31.000 fallecimientos por esta patología, y las proyecciones indican un aumento del 77% en su incidencia para el año 2045, lo que podría significar superar los 100.000 casos anuales si no se fortalecen las políticas de prevención primaria. La evidencia científica es robusta al señalar que entre el 30% y el 35% de los cánceres son prevenibles mediante modificaciones en la conducta alimentaria.

Específicamente, patrones con alta ingesta de ultraprocesados y azúcares elevan el riesgo de cáncer colorrectal y gástrico, mientras que el consumo de fibra, frutas y legumbres ejerce un rol protector a través de mecanismos biológicos como la reducción de la inflamación crónica y el estrés oxidativo. A pesar de la relevancia de la dieta, más del 95% de la población chilena requiere cambios urgentes en su alimentación, en un contexto donde la malnutrición por exceso afecta a más del 70% de los adultos. No obstante, estas cifras no son solo el resultado de decisiones individuales; están profundamente condicionadas por los «entornos alimentarios». Estos entornos determinan la disponibilidad, el acceso físico y la asequibilidad económica de los productos. En Chile, persisten disparidades estructurales donde los sectores más vulnerables enfrentan «desiertos alimentarios» con escasa oferta de productos frescos y una alta densidad de alimentos ultraprocesados, los cuales suelen ser más baratos, ubicuos y agresivamente promocionados.

Si bien Chile ha sido pionero con la Ley N° 20.606, logrando reducciones del 23-24% en la compra de bebidas azucaradas y una caída del 73% en la exposición publicitaria infantil en televisión, persisten vacíos regulatorios críticos. Actualmente, la protección legal contra el marketing de productos «altos en» termina a los 14 años, dejando desprotegidos a los adolescentes de entre 15 y 18 años, quienes son altamente susceptibles a las estrategias de persuasión digital. Además, el marketing digital, que incluye el uso de algoritmos, redes sociales e influencers, permanece prácticamente desregulado.

Para enfrentar estos desafíos, se proponen dos intervenciones estructurales de alto impacto:

  • Implementación de subsidios focalizados (10% a 15%) para la adquisición de frutas, verduras, legumbres y pescados en hogares de bajos ingresos. La evidencia internacional sugiere que un subsidio de esta magnitud puede incrementar el consumo de alimentos protectores entre un 20% y un 30%, mejorando la calidad global de la dieta y dinamizando las economías locales como las ferias libres.
  • Fortalecimiento de la regulación del marketing, ampliando la restricción de publicidad de productos «altos en» hasta los 18 años e incorporando explícitamente el entorno digital. Esta medida busca limitar la demanda inducida de ultraprocesados en un grupo etario clave, siguiendo las recomendaciones de organismos como la OMS y UNICEF.

En conclusión, la prevención efectiva del cáncer en Chile requiere trascender los enfoques basados exclusivamente en la educación individual. Es imperativo transformar los entornos de abastecimiento mediante políticas fiscales y regulatorias que garanticen que la opción saludable sea la más fácil y económica de elegir, asegurando así el derecho a la salud y la equidad alimentaria para toda la población.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Policy Brief: Alimentación saludable para prevenir el cáncer: Recomendaciones para entornos alimentarios más justos y protectores en Chile (2026).