GRASA INTRAPANCREÁTICA: UNA NUEVA FRONTERA DE LA MEDICINA METABÓLICA
- Mié 22 de Jul 2026
- Sochob
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La acumulación de grasa en el páncreas ha pasado de ser un hallazgo poco considerado a convertirse en un tema emergente de gran interés clínico. Durante décadas, la investigación sobre grasa ectópica se concentró principalmente en el hígado, donde la evolución del conocimiento permitió reconocer la enfermedad hepática metabólica, establecer criterios diagnósticos y desarrollar tratamientos específicos. El páncreas, en cambio, permaneció mucho más rezagado, pese a que la llamada lipomatosis pancreática había sido descrita desde comienzos del siglo XX.
Este escenario está cambiando rápidamente. Estudios de grandes biobancos y metaanálisis recientes han asociado el exceso de grasa intrapancreática con diabetes mellitus tipo 2, pancreatitis aguda, pancreatitis crónica, cáncer de páncreas y fístula pancreática posoperatoria. Sin embargo, la interpretación de estos hallazgos ha sido dificultada por la gran variabilidad existente en la terminología, las técnicas de imagen y los métodos de cuantificación utilizados. Esta falta de uniformidad ha limitado la comparación entre estudios y ha impedido establecer con claridad cuál es la cantidad de grasa que debe considerarse anormal. En 2026, dos iniciativas internacionales independientes, desarrolladas mediante el método Delphi, propusieron los primeros marcos estandarizados para definir, medir y estudiar esta entidad. Una fue impulsada por un amplio grupo de sociedades científicas internacionales y la otra correspondió al denominado Consenso de Melbourne. Ambos documentos coinciden en varios aspectos fundamentales: el exceso de grasa intrapancreática debe considerarse potencialmente patológico, la resonancia magnética es la técnica más adecuada para cuantificarla y la tomografía computarizada sin contraste puede utilizarse como alternativa aceptable. También reconocen que no existe aún un umbral diagnóstico universal y validado.
Los dos consensos señalan además que esta acumulación grasa podría ser parcialmente reversible. La pérdida de peso conseguida mediante cambios en el estilo de vida, cirugía bariátrica o agonistas del receptor GLP-1 aparece como una posible vía para reducirla. No obstante, todavía no se ha demostrado de manera definitiva que disminuir la grasa pancreática se traduzca en una reducción de pancreatitis, cáncer de páncreas, diabetes u otros desenlaces clínicos. La evidencia disponible es prometedora, pero sigue siendo principalmente observacional y heterogénea. Las principales diferencias entre ambos documentos se relacionan con la terminología y la clasificación. El consenso internacional propone utilizar el término práctico “páncreas graso” para unificar un campo fragmentado y facilitar su reconocimiento por clínicos, investigadores y pacientes. El Consenso de Melbourne, en cambio, distingue entre la deposición de grasa intrapancreática, entendida como una variable cuantitativa continua, y el trastorno del páncreas graso, concebido como una entidad diagnóstica. Esta segunda propuesta plantea, además, que la localización anatómica de la grasa podría ser tan importante como su cantidad total.
En este sentido, no toda la grasa pancreática tendría necesariamente el mismo significado biológico. Los depósitos entre los lobulillos, dentro de los lobulillos, en las células acinares, en los islotes pancreáticos o en las células estrelladas podrían ejercer efectos distintos sobre la función endocrina y exocrina del órgano. Esta hipótesis abre una nueva línea de investigación destinada a comprender si determinados compartimentos grasos se relacionan de forma más estrecha con diabetes, inflamación, fibrosis o carcinogénesis pancreática. También existen diferencias respecto de los puntos de corte diagnósticos. El consenso internacional propone grados de gravedad operacionales y un esquema ecográfico que podría facilitar la identificación clínica inmediata. El Consenso de Melbourne considera, en cambio, que establecer umbrales antes de uniformar los métodos de medición podría generar errores y reducir la reproducibilidad. Por ello, prioriza primero la estandarización de la cuantificación mediante imagen y adopta una postura más cautelosa frente al uso de la ecografía para medir la grasa pancreática.
Otro aspecto relevante es que ambos grupos valoran de manera diferente la calidad de la evidencia disponible. A pesar de analizar una literatura en gran parte similar, uno asigna mayor solidez a las asociaciones entre grasa pancreática y ciertos desenlaces, mientras el otro adopta una interpretación más conservadora. Esta discrepancia refleja la incertidumbre que aún persiste y pone de manifiesto la necesidad de estudios prospectivos, con cohortes grandes, mediciones uniformes y una evaluación rigurosa de los factores de confusión. El avance del campo enfrenta además una dificultad particular: estudiar directamente el tejido pancreático es complejo y potencialmente riesgoso. A diferencia del hígado, cuya biopsia percutánea impulsó el desarrollo de la investigación traslacional, la biopsia pancreática puede provocar pancreatitis. Por esta razón, la mayor parte del conocimiento histológico procede de muestras quirúrgicas o de autopsias, lo que introduce importantes sesgos de selección. El desarrollo de métodos de imagen más precisos, biomarcadores no invasivos y técnicas seguras de obtención de tejido será fundamental para progresar.
Los dos consensos deben entenderse como propuestas complementarias y no contrapuestas. Uno aporta una plataforma clínica amplia, accesible y respaldada por numerosas sociedades científicas; el otro ofrece un marco conceptual más detallado y orientado a generar hipótesis mecanísticas. En conjunto, han logrado dar nombre a la entidad, ordenar su estudio y definir las preguntas prioritarias para los próximos años. La grasa intrapancreática se encuentra hoy en una etapa comparable a la de la esteatosis hepática décadas atrás. El desafío será transformar este nuevo consenso en criterios diagnósticos reproducibles, estudios prospectivos y tratamientos dirigidos. Solo entonces podrá determinarse si el páncreas graso es principalmente un marcador de riesgo metabólico o un verdadero factor causal de enfermedad pancreática y si su reducción modifica de manera significativa la evolución clínica de los pacientes.
Fuente: SOCHOB
Referencias: Vujasinovic M, Demir IE, Marchegiani G, et al. International multidisciplinary consensus report on definitions, diagnostic criteria, and management of fatty pancreas: A Joint Statement Endorsed by EPC, APA, EASD, EASL, ESGAR, ESGE, ESP, ESPCG, ESPEN, ESPGHAN, IAP, JPS, KPBA, LAPSG, and UEG. United European Gastroenterol J. 2026 Feb;14(1):e70185.
Petrov MS, Yamazaki H, Lu G, et al; Global Intrapancreatic FaT (GIFT) Alliance. Conceptual framework and expert guidance on intrapancreatic fat deposition: the Melbourne consensus. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2026 Jul 16.