ENDOCRINE SOCIETY REDEFINE EL FUTURO DE LA OBESIDAD

La Endocrine Society presenta en esta declaración científica una revisión del profundo cambio que está experimentando la medicina de la obesidad con la incorporación de fármacos altamente eficaces, especialmente aquellos basados en GLP-1, GIP y otras hormonas estimuladas por nutrientes. Estas terapias han permitido alcanzar reducciones de peso antes difíciles de conseguir mediante farmacoterapia y, además, han demostrado beneficios sobre diversas complicaciones asociadas a la obesidad. El documento enfatiza que este progreso obliga a reconsiderar tanto la fisiopatología de la enfermedad como la forma en que se definen sus objetivos terapéuticos.

Uno de los conceptos centrales es que la obesidad no debe interpretarse simplemente como consecuencia de un desequilibrio entre ingesta y gasto energético. Los autores proponen un modelo en el que el organismo regula activamente una masa grasa “defendida”, determinada en gran parte por circuitos del sistema nervioso central. El apetito, la saciedad y el gasto energético serían mecanismos utilizados por el organismo para mantener esa adiposidad. Esta regulación ayuda a explicar por qué, después de una pérdida de peso inducida por restricción energética, aparecen respuestas compensatorias que favorecen la recuperación ponderal, y también por qué las terapias farmacológicas altamente eficaces podrían modificar parcialmente estos mecanismos reguladores. La obesidad, además, presenta una marcada heterogeneidad biológica y clínica. Personas expuestas a ambientes similares pueden desarrollar grados muy diferentes de adiposidad y complicaciones, y también existe una enorme variabilidad en la respuesta a dieta, fármacos y cirugía bariátrica. Actualmente no existen marcadores genéticos, clínicos o metabólicos suficientemente robustos que permitan predecir con precisión quién responderá mejor a un determinado medicamento. Por ello, uno de los principales desafíos de investigación es avanzar hacia una verdadera medicina de precisión de la obesidad, capaz de seleccionar el tratamiento, la combinación farmacológica y la dosis más apropiados para cada paciente.

El documento cuestiona además el uso del porcentaje de pérdida de peso como principal medida de éxito terapéutico. Aunque continúa siendo el criterio predominante en los ensayos clínicos, puede no reflejar adecuadamente la mejoría de la salud. El objetivo real debería ser disminuir el exceso de grasa patológica, especialmente la adiposidad visceral y ectópica, mejorar la función de los órganos y reducir las complicaciones relacionadas con la obesidad. Por ello, la evaluación futura debería incorporar parámetros como composición corporal, distribución de la grasa, función muscular, salud ósea, calidad de vida y evolución de enfermedades cardiometabólicas, renales, hepáticas y respiratorias.

La aparición de tratamientos capaces de producir pérdidas de peso del orden de 15–25% o incluso superiores genera nuevos interrogantes. No siempre una mayor pérdida de peso significa un mayor beneficio, y en determinados pacientes una reducción excesiva podría comprometer masa muscular, estado nutricional o salud ósea. Por este motivo, los autores plantean investigar la dosis mínima eficaz, en lugar de asumir que todos los pacientes deben alcanzar la dosis máxima tolerada, y estudiar estrategias individualizadas de titulación y mantenimiento. También se requiere conocer mejor cómo la velocidad de pérdida de peso influye sobre la masa magra, el hueso y eventos adversos como síntomas gastrointestinales, enfermedad biliar, fatiga o alopecia. Otro aspecto fundamental es determinar cuándo iniciar y cuánto tiempo mantener el tratamiento farmacológico. Los estudios de retirada muestran una recuperación importante del peso y deterioro metabólico tras suspender agonistas GLP-1 o terapias relacionadas, lo que respalda la naturaleza crónica de la obesidad y sugiere que muchos pacientes podrían requerir tratamiento prolongado. Sin embargo, aún se desconoce si todos necesitan dosis completas de manera indefinida o si podrían utilizarse estrategias de reducción de dosis, administración intermitente, combinación con intervenciones intensivas de estilo de vida o transición hacia otros tratamientos de mantenimiento.

La declaración también subraya la necesidad de distinguir cuánto de los beneficios cardiovasculares, metabólicos, hepáticos o renales de estos medicamentos deriva directamente de la pérdida de peso y cuánto corresponde a acciones farmacológicas independientes del peso. Resolver esta cuestión será esencial para seleccionar terapias según las complicaciones predominantes de cada paciente y para determinar si el tratamiento precoz de la obesidad puede prevenir diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad renal crónica u otras consecuencias antes de que aparezcan daños establecidos. Finalmente, los autores destacan importantes incertidumbres sobre la seguridad a largo plazo, especialmente en adultos mayores, niños y adolescentes, mujeres en edad reproductiva y poblaciones poco representadas en los ensayos. También recalcan que la eficacia farmacológica debe integrarse con alimentación saludable, actividad física, sueño y manejo del estrés, no necesariamente para aumentar la pérdida de peso, sino para preservar músculo, función física, salud metabólica y calidad de vida.

En conjunto, el mensaje principal de la declaración es que los nuevos medicamentos han inaugurado una nueva era en el tratamiento y en la comprensión de la obesidad. El paradigma está evolucionando desde un enfoque centrado en “cuánto peso perdió el paciente” hacia uno orientado a cuánto mejoró su salud, qué tejido perdió, qué complicaciones se modificaron y cuál es el tratamiento más adecuado para ese individuo. La prioridad futura será desarrollar terapias más personalizadas, seguras, sostenibles y accesibles, utilizando la farmacoterapia no solo para reducir peso, sino para modificar la historia natural de la enfermedad y mejorar los resultados de salud a largo plazo.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Jastreboff AM, Ard JD, Hall KD, et al. Obesity science, research gaps, and opportunities in the new era of obesity medicines: an Endocrine Society scientific statement. Endocr Rev. 2026;00:1-33.