GLP-1 Y SUPLEMENTOS: ENTRE LA EVIDENCIA Y EL NEGOCIO

El creciente uso de semaglutida y tirzepatida está impulsando un nuevo mercado de suplementos alimentarios destinados a reducir los efectos adversos del tratamiento y preservar la salud durante la pérdida de peso. Sin embargo, especialistas advierten que muchos de estos productos carecen de evidencia científica suficiente y pueden representar un gasto innecesario para los pacientes. La extraordinaria expansión de los tratamientos farmacológicos para la obesidad está generando un fenómeno que va mucho más allá de la pérdida de peso. Millones de personas que utilizan medicamentos basados en incretinas, como semaglutida y tirzepatida, están incorporando suplementos alimentarios a sus tratamientos con la expectativa de reducir las molestias gastrointestinales, prevenir deficiencias nutricionales, mejorar su bienestar general y preservar la masa muscular.

Esta tendencia ha despertado el interés de la industria, pero también la preocupación de médicos y organismos reguladores ante la comercialización de productos cuyos beneficios no siempre cuentan con respaldo científico. Una investigación publicada por la agencia Reuters el 20 de octubre de 2026 puso de manifiesto la magnitud de este fenómeno en Estados Unidos. Según estimaciones de JPMorgan citadas en el reportaje, aproximadamente 10 millones de estadounidenses utilizaron medicamentos basados en GLP-1 durante 2025, cifra que podría alcanzar los 25 millones en 2030. Paralelamente, las ventas totales de vitaminas y suplementos alimentarios en ese país superaron los 74.000 millones de dólares en 2025, de acuerdo con Nutrition Business Journal. Es importante precisar que esta última cifra corresponde al mercado general de suplementos y no exclusivamente a los productos adquiridos por pacientes en tratamiento farmacológico para la obesidad.

El interés de estos pacientes por los suplementos tiene una explicación comprensible. Aunque los agonistas del receptor de GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1 han demostrado una elevada eficacia en el tratamiento de la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2, su administración puede acompañarse de náuseas, vómitos, constipación, diarrea y una reducción considerable del apetito. En determinadas circunstancias, la menor ingesta alimentaria puede dificultar el cumplimiento de los requerimientos diarios de proteínas, fibra, líquidos y micronutrientes. A ello se agrega la preocupación por la disminución de masa libre de grasa que acompaña a la pérdida de peso, aunque esta no equivale necesariamente a pérdida de músculo esquelético. En este contexto, productos que tradicionalmente se comercializaban para deportistas o personas interesadas en mejorar su alimentación están siendo promocionados específicamente para usuarios de medicamentos contra la obesidad. Entre ellos destacan los suplementos proteicos, la creatina, el colágeno, los probióticos, la fibra, los electrolitos y diversas combinaciones de vitaminas y minerales.

De acuerdo con una encuesta de Nutrition Business Journal citada por Reuters, cerca de la mitad de los usuarios de medicamentos basados en GLP-1 declaró haber comenzado a consumir nuevas vitaminas o suplementos después de iniciar el tratamiento, especialmente probióticos, proteínas y fibra. Por otra parte, una encuesta de consumidores realizada durante 2026 por Boston Consulting Group encontró que estos pacientes gastaban aproximadamente un 20% más en productos relacionados con proteínas, fibra y colágeno que antes de utilizar dichos medicamentos. Ambos resultados corresponden a investigaciones comerciales sobre hábitos de consumo y no permiten concluir que estos suplementos sean necesarios o clínicamente eficaces para todos los pacientes. Las redes sociales están desempeñando un papel fundamental en esta expansión. Plataformas como TikTok se han convertido en importantes canales de promoción de suplementos, donde pacientes, influenciadores e incluso algunos profesionales sanitarios comparten experiencias personales y recomiendan productos destinados a contrarrestar los efectos adversos del tratamiento. Según Nutrition Business Journal, las ventas estadounidenses de suplementos mediante TikTok Shop superaron los 1.000 millones de dólares durante 2025, equivalentes al 5,4% de las ventas digitales de estos productos. En ese mismo período, el mercado general de vitaminas y suplementos creció un 7%, después de haber registrado un aumento del 5% en 2024.

El reportaje de Reuters recoge testimonios de pacientes que atribuyen a los suplementos una mejoría de síntomas como náuseas, fatiga, debilidad y constipación. Una de las personas entrevistadas declaró gastar entre 200 y 300 dólares mensuales en fibra, colágeno y electrolitos, mientras que otra señaló destinar aproximadamente 110 dólares al mes a productos como magnesio, vitamina B12 y electrolitos. Aunque estas experiencias pueden reflejar beneficios percibidos por quienes los utilizan, no constituyen evidencia clínica suficiente para establecer su eficacia, especialmente cuando se administran simultáneamente varios suplementos y no existe un grupo de comparación. La influencia de las redes sociales también plantea posibles conflictos de interés. Algunos creadores de contenido reciben remuneraciones de las empresas que promocionan o comisiones por las ventas realizadas mediante sus recomendaciones. Esta situación puede dificultar que los consumidores distingan entre una orientación sanitaria fundamentada y una estrategia comercial, particularmente cuando los productos se presentan como soluciones específicas para los efectos adversos de los medicamentos.

Otro motivo de preocupación es la regulación de los suplementos alimentarios. A diferencia de los medicamentos, estos productos no requieren, como norma general, una aprobación previa de eficacia por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) antes de su comercialización. Aunque están sujetos a disposiciones sobre seguridad, fabricación y etiquetado, la ausencia de una evaluación previa equivalente a la exigida para los fármacos puede dificultar la valoración de su calidad y utilidad clínica. El reportaje señala que durante 2026 las autoridades estadounidenses intensificaron sus iniciativas destinadas a reforzar la supervisión de nuevos ingredientes utilizados en suplementos alimentarios. Entre las preocupaciones identificadas figuran la comercialización de formulaciones con cantidades insuficientes de los componentes promocionados, la posible incorporación de sustancias farmacológicamente activas no declaradas y las afirmaciones publicitarias que atribuyen beneficios no demostrados. No obstante, las propuestas para ampliar la regulación han generado opiniones divididas dentro de la industria, donde algunos fabricantes apoyan mayores controles y otros advierten que podrían dificultar la innovación y retrasar la disponibilidad de nuevos productos.

Desde el punto de vista médico, resulta fundamental distinguir entre la suplementación destinada a corregir una necesidad nutricional identificada y el consumo indiscriminado de productos promocionados para acompañar el tratamiento farmacológico de la obesidad. Los suplementos proteicos constituyen un ejemplo de una intervención potencialmente útil cuando el paciente no logra alcanzar sus requerimientos mediante la alimentación habitual. Durante una pérdida importante de peso, asegurar una ingesta adecuada de proteínas, junto con la realización de ejercicios de fuerza, contribuye a preservar la masa muscular y la capacidad funcional. Sin embargo, el consumo de suplementos proteicos no es obligatorio para quienes mantienen una alimentación suficiente y equilibrada, y tampoco reemplaza la importancia del entrenamiento de resistencia. La creatina también ha despertado interés por sus efectos favorables sobre el rendimiento muscular y las adaptaciones al ejercicio de fuerza. Aunque existe evidencia que respalda su utilización en determinados contextos, todavía son limitados los estudios específicos que evalúan sus beneficios en pacientes tratados con semaglutida o tirzepatida. Por ello, no corresponde recomendarla sistemáticamente a todos los usuarios de estos medicamentos con el único propósito de prevenir la pérdida muscular.

El colágeno representa otro ejemplo de la distancia que puede existir entre las expectativas comerciales y la evidencia disponible. Su promoción se relaciona frecuentemente con la preocupación por la flacidez cutánea y los cambios en la apariencia facial o corporal durante la pérdida de peso. Sin embargo, no se ha demostrado de manera convincente que su suplementación permita prevenir los cambios estructurales asociados a una reducción importante del tejido adiposo, ni que sea superior a otras fuentes proteicas para preservar la masa muscular. En cuanto a la fibra, su suplementación puede resultar beneficiosa en pacientes con ingesta insuficiente o constipación, siempre que se considere la tolerancia gastrointestinal y una hidratación adecuada. Los probióticos, por su parte, presentan efectos que dependen de las cepas, dosis y condiciones clínicas estudiadas. Actualmente no existe evidencia suficiente para indicar su administración generalizada con el objetivo de aumentar la pérdida de peso, mejorar la respuesta farmacológica o prevenir sistemáticamente los efectos gastrointestinales de los agonistas GLP-1.

Una situación similar ocurre con los suplementos de vitaminas, minerales y electrolitos. Su utilización puede estar justificada ante deficiencias demostradas, ingesta nutricional insuficiente, vómitos persistentes u otras condiciones clínicas específicas. Sin embargo, no deben considerarse una necesidad universal durante el tratamiento. Incluso algunos suplementos pueden provocar efectos adversos, interacciones o complicaciones relacionadas con su administración innecesaria o excesiva. La creciente comercialización de estos productos también tiene consecuencias económicas. La incorporación de múltiples suplementos puede representar un gasto mensual considerable que se agrega al costo del tratamiento farmacológico. Este aspecto adquiere especial relevancia cuando los pacientes destinan recursos a intervenciones sin beneficios claramente demostrados, en lugar de priorizar una alimentación adecuada, actividad física supervisada y controles médicos periódicos.

El fenómeno descrito por Reuters pone de manifiesto la necesidad de que los profesionales sanitarios adopten una actitud activa frente al consumo de suplementos. En lugar de recomendarlos de manera generalizada o descartarlos indiscriminadamente, resulta más apropiado evaluar las necesidades individuales considerando la ingesta alimentaria, la magnitud y velocidad de la pérdida de peso, la edad, las comorbilidades, los síntomas gastrointestinales y el riesgo de deficiencias nutricionales. Cuando corresponda, también debe considerarse la evaluación de la fuerza y la composición corporal, especialmente en adultos mayores o pacientes con riesgo de sarcopenia. La expansión de los medicamentos incretínicos representa uno de los avances terapéuticos más importantes de las últimas décadas en el tratamiento de la obesidad y sus complicaciones metabólicas. Sin embargo, su eficacia también está impulsando la aparición de mercados complementarios que ofrecen productos destinados a mejorar o potenciar sus resultados, sin que necesariamente exista evidencia científica suficiente para respaldar tales afirmaciones.

En definitiva, la investigación de Reuters refleja una realidad que probablemente adquirirá creciente importancia a medida que aumente el número de personas tratadas con estos medicamentos. La suplementación alimentaria puede desempeñar un papel útil cuando responde a necesidades clínicas y nutricionales concretas, pero no debe transformarse en un componente obligatorio del tratamiento de la obesidad. El desafío consiste en promover una pérdida de peso saludable, preservar la masa muscular y la funcionalidad, prevenir deficiencias nutricionales y evitar que las expectativas comerciales sustituyan a las recomendaciones sustentadas en evidencia científica.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Brown NP. As weight-loss drug users turn to dietary supplements, doctors, regulators raise flags. Reuters. 2026 Oct 20