EJERCICIO AERÓBICO VERSUS ENTRENAMIENTO DE RESISTENCIA EN PERSONAS CON DIABESIDAD

La coexistencia de obesidad y diabetes mellitus tipo 2, frecuentemente denominada diabesidad, configura un fenotipo de elevado riesgo cardiometabólico, caracterizado por insulinorresistencia, hiperglicemia, adiposidad visceral y ectópica, inflamación crónica y deterioro progresivo de la capacidad funcional. Aunque las guías recomiendan tanto ejercicio aeróbico como entrenamiento de resistencia, persiste la interrogante clínica acerca de cuál modalidad debe priorizarse en estos pacientes.

Al-Mhanna y colaboradores realizaron una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados que compararon directamente ambas modalidades de ejercicio en adultos con diabetes tipo 2 y obesidad. Se incluyeron 23 estudios y 1.184 participantes, con un IMC promedio de 32,1 kg/m²; 582 pacientes realizaron ejercicio aeróbico y 602 entrenamiento de resistencia. Los estudios evaluaron resultados relacionados con el control glicémico, composición corporal, antropometría, perfil lipídico, presión arterial y capacidad cardiorrespiratoria.

Principales resultados

El ejercicio aeróbico mostró una ventaja sobre el entrenamiento de resistencia en la reducción de la glicemia en ayunas. La diferencia media fue de −0,89 mmol/L, equivalente aproximadamente a −16 mg/dL, sin heterogeneidad estadística relevante. Sin embargo, esta superioridad no se extendió al control glicémico crónico: no se observaron diferencias significativas entre ambas modalidades en la hemoglobina glicada, insulina en ayunas o HOMA-IR, aunque la evidencia para estos últimos resultados fue menos sólida. La otra ventaja consistente del ejercicio aeróbico fue el aumento de la capacidad cardiorrespiratoria, con una diferencia media de 1,78 mL/kg/min respecto del entrenamiento de resistencia. Este hallazgo es clínicamente relevante, ya que una mayor aptitud cardiorrespiratoria se relaciona con una mejor capacidad funcional y un menor riesgo cardiovascular, aunque en este resultado existió heterogeneidad moderada a alta entre los estudios.

Por su parte, el entrenamiento de resistencia presentó resultados más favorables sobre la composición corporal. En comparación con esta modalidad, el ejercicio aeróbico se asoció con 0,34 puntos porcentuales más de grasa corporal y con 0,86 kg menos de masa libre de grasa al finalizar las intervenciones. Estos datos respaldan el papel del ejercicio de fuerza en la conservación de la masa muscular, aspecto especialmente importante en personas con obesidad y diabetes tipo 2, quienes presentan mayor riesgo de sarcopenia, fragilidad y deterioro funcional. Para la mayoría de los demás indicadores cardiometabólicos, las modalidades mostraron una eficacia comparable. No se encontraron diferencias significativas en peso corporal, IMC, circunferencia de cintura, colesterol total, LDL, triglicéridos, presión arterial sistólica o diastólica y frecuencia cardiaca de reposo. Tampoco se demostró una diferencia global en HDL, aunque algunos análisis exploratorios sugirieron una posible ventaja aeróbica en intervenciones de hasta 12 semanas.

Implicaciones para la práctica clínica

Los resultados no respaldan la existencia de una modalidad universalmente superior. Más bien, muestran beneficios específicos y complementarios: Cuando el objetivo predominante es mejorar la glicemia en ayunas o la capacidad cardiorrespiratoria, el ejercicio aeróbico puede recibir mayor énfasis. Cuando la prioridad es preservar la masa muscular, mejorar la fuerza o proteger la composición corporal, el entrenamiento de resistencia adquiere especial relevancia.

En la mayoría de los pacientes, una prescripción que integre ambas modalidades probablemente permita abordar simultáneamente el control metabólico, la aptitud cardiovascular y la salud musculoesquelética. Los protocolos más frecuentes consistieron en ejercicio aeróbico —principalmente caminata o bicicleta— tres veces por semana, aproximadamente 60 minutos por sesión, y entrenamiento de resistencia de cuerpo completo tres veces por semana, con series de 8 a 12 repeticiones al 60–70% de una repetición máxima. No obstante, existió una variabilidad considerable en la intensidad, duración y supervisión de los programas.

Limitaciones y conclusión

La interpretación debe considerar que los estudios fueron heterogéneos en duración, dosis de ejercicio, características de los participantes y comorbilidades. Además, varios ensayos presentaron muestras pequeñas, información incompleta sobre aleatorización y escaso control de cambios farmacológicos o dietarios. La mayoría de los estudios fue publicada entre 2005 y 2014, antes de la incorporación de los tratamientos modernos para la diabetes y la obesidad. Por estas razones, la certeza de la evidencia fue principalmente moderada o baja para varios resultados. En conclusión, el ejercicio aeróbico parece ofrecer mayores beneficios sobre la glicemia en ayunas y la capacidad cardiorrespiratoria, mientras que el entrenamiento de resistencia resulta más favorable para preservar la masa libre de grasa y optimizar la composición corporal. El mensaje clínico central es abandonar el enfoque de una única modalidad para todos y adoptar una prescripción individualizada, orientada por objetivos y preferentemente complementaria, considerando el estado funcional, el riesgo sarcopénico, las comorbilidades, las preferencias y la capacidad de adherencia de cada paciente.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Al-Mhanna SB, Franklin BA, Papadakis Z, et al. Comparative effectiveness of aerobic exercise versus resistance training on cardiometabolic health in patients with diabesity: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Sports Sci Med. 2026;25:637-655.