¿A QUE HORA ES MEJOR HACER EJERCICIO?

El artículo “Rise and Sweat! Morning Exercise Linked with Lower Cardiometabolic Risk” explora la relación entre el momento del día en que se realiza actividad física y el perfil de riesgo cardiometabólico, aportando evidencia que sugiere un posible beneficio diferencial del ejercicio matutino.

A partir de análisis observacionales en población adulta, los autores comparan patrones de actividad física distribuidos a lo largo del día, identificando que aquellos individuos que concentran su ejercicio en horas tempranas presentan indicadores metabólicos más favorables. En términos de resultados, el ejercicio realizado por la mañana se asocia con menor adiposidad corporal, particularmente en lo que respecta a grasa total y posiblemente visceral, así como con mejores parámetros de control glucémico y menor riesgo global de enfermedad cardiovascular. Estos hallazgos sugieren que no solo la cantidad de actividad física, sino también su sincronización temporal, podría desempeñar un rol relevante en la modulación del riesgo cardiometabólico.

Desde una perspectiva fisiopatológica, los autores proponen que estos efectos podrían estar mediados por la interacción entre el ejercicio y los ritmos circadianos. En las primeras horas del día, el organismo presenta un entorno hormonal y metabólico particular, caracterizado por niveles elevados de cortisol, mayor movilización de ácidos grasos y una transición metabólica desde el ayuno nocturno. En este contexto, el ejercicio podría potenciar la oxidación de grasas y mejorar la sensibilidad a la insulina de manera más eficiente que en otros momentos del día. Además, la actividad física matutina podría contribuir a una mejor sincronización de los relojes periféricos, optimizando la regulación metabólica a lo largo de la jornada.

Otro aspecto relevante es el comportamiento asociado. El ejercicio temprano podría favorecer una mayor adherencia a la actividad física, al reducir la interferencia de obligaciones laborales o sociales, y además podría inducir efectos indirectos sobre el estilo de vida, como una mejor calidad de la dieta o patrones de sueño más regulares. Estos factores conductuales podrían amplificar los beneficios observados. No obstante, los autores destacan importantes limitaciones. La naturaleza observacional del estudio impide establecer relaciones causales, y no puede descartarse la influencia de factores de confusión, como diferencias en hábitos de vida, cronotipo individual o nivel socioeconómico. Asimismo, es posible que las personas que realizan ejercicio en la mañana representen un grupo con mayor conciencia de salud, lo que podría explicar parcialmente los resultados.

En conjunto, la evidencia presentada sugiere que el ejercicio matutino podría asociarse a un perfil cardiometabólico más favorable, abriendo la posibilidad de considerar el “timing” de la actividad física como un componente adicional en la prescripción de ejercicio. Sin embargo, desde una perspectiva clínica, el mensaje central se mantiene: cualquier actividad física es beneficiosa, independientemente del horario, y las recomendaciones deben adaptarse a la adherencia y preferencias del paciente. Se requieren estudios prospectivos y ensayos clínicos aleatorizados para confirmar estos hallazgos y definir con mayor precisión el impacto del momento del ejercicio sobre los desenlaces cardiometabólicos.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Rise and sweat! morning exercise linked with lower cardiometabolic risk