EUROPA PROPONE UN NUEVO MODELO DE CHEQUEO CARDIOVASCULAR PARA LA DETECCIÓN PRECOZ
- Mar 29 de Sep 2026
- Sochob
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La Comisión Europea presentó el 28 de septiembre de 2026 una propuesta de Recomendación del Consejo destinada a establecer un enfoque más homogéneo para los controles de salud cardiovascular en la Unión Europea. El documento, identificado como COM(2026) 481 final, propone avanzar desde una prevención basada fundamentalmente en la detección oportunista de factores de riesgo hacia controles cardiovasculares estructurados y adaptados a la edad y al riesgo individual.
La propuesta enfatiza que estos controles no deben limitarse a la búsqueda de enfermedad cardiovascular ya establecida. Su objetivo es identificar precozmente factores de riesgo cardiovasculares y cardiometabólicos, permitiendo posteriormente estimar el riesgo global y establecer las medidas de seguimiento correspondientes. Para ello, los Estados miembros son invitados a desarrollar programas adaptados a su propia epidemiología, desigualdades sanitarias, diferencias entre sexos y características de sus sistemas de salud. El documento señala que la selección de las personas que deberían ser invitadas a estos controles puede apoyarse en herramientas validadas de estimación del riesgo cardiovascular, entre ellas SCORE2, las tablas de riesgo cardiovascular de la Organización Mundial de la Salud u otros instrumentos validados a nivel nacional. No plantea, por tanto, un modelo idéntico para todos los países, sino un marco común que permita adaptar la intensidad y periodicidad de la evaluación al riesgo individual y al contexto local.
Evaluación antes de los 35 años
Para las personas menores de 35 años, la Comisión propone realizar al menos un control cardiovascular. Esta evaluación debería contemplar los hábitos y conductas de salud, la medición de factores biológicos de riesgo —incluida la presión arterial—, glicemia, función renal, índice de masa corporal y evaluación de la salud mental. También se contempla la valoración de la función respiratoria cuando exista disnea y de los antecedentes reproductivos cuando corresponda. Un aspecto especialmente relevante es el antecedente familiar. En personas con historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura o muerte súbita cardíaca, la propuesta establece que la evaluación del riesgo y los estudios posteriores deberían individualizarse según el contexto clínico.
Entre los 35 y 64 años: chequeos sistemáticos cada cinco años
El cambio más estructurado aparece en la población de 35 a 64 años, para quienes se proponen controles cardiovasculares sistemáticos al menos cada cinco años. La frecuencia podría acortarse dependiendo de los factores de riesgo individuales, antecedentes familiares y características epidemiológicas locales. La evaluación comienza con una historia clínica amplia que incluya antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, salud reproductiva y mental, alimentación, actividad física, tabaquismo, vapeo, utilización de productos de nicotina sin humo y consumo de alcohol.
El examen de los factores cardiometabólicos debería incorporar presión arterial y un perfil lipídico completo, incluyendo colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos. Una de las incorporaciones más destacables del documento es la recomendación de realizar una medición de lipoproteína(a) [Lp(a)] al menos una vez durante la vida adulta. La pesquisa metabólica contempla tanto glicemia plasmática en ayunas como hemoglobina glicosilada (HbA1c). Paralelamente, el documento incorpora explícitamente la evaluación renal mediante creatinina sérica y albuminuria, reconociendo así la estrecha relación existente entre función renal y riesgo cardiovascular. La evaluación de adiposidad tampoco debería descansar exclusivamente en el peso corporal. Además del índice de masa corporal, la propuesta incorpora la medición de la circunferencia de cintura o de la relación cintura/talla, lo que permite aproximarse de mejor forma a la distribución central de la adiposidad. El electrocardiograma no se plantea como un examen obligatorio para toda persona de este grupo etario, sino que debería realizarse cuando esté indicado según el contexto clínico.
A partir de los 65 años: búsqueda más activa de enfermedad cardiovascular subclínica
En las personas de 65 años o más, el documento propone repetir este control cardiovascular aproximadamente cada tres a cinco años, pero ampliando considerablemente la evaluación. Además de los componentes utilizados entre los 35 y 64 años, la propuesta incluye un electrocardiograma, la medición de péptidos natriuréticos, específicamente NT-proBNP, y la evaluación del pulso para detectar o descartar fibrilación auricular mediante la valoración de la frecuencia y el ritmo cardíaco. También incorpora la auscultación cardiopulmonar y, cuando corresponda, la evaluación de enfermedad arterial periférica. Este componente resulta particularmente novedoso, porque el chequeo deja de concentrarse exclusivamente en factores de riesgo clásicos y comienza a incorporar herramientas destinadas a identificar alteraciones cardiovasculares potencialmente silenciosas, como fibrilación auricular o insuficiencia cardíaca.
El riesgo cardiovascular debe determinar la frecuencia del seguimiento
La Comisión aclara que la periodicidad posterior a un control cardiovascular no debería establecerse únicamente por la edad. La frecuencia de seguimiento debe depender fundamentalmente del riesgo cardiovascular individual, del contexto nacional y local y de las recomendaciones clínicas existentes en cada país. Asimismo, la propuesta contempla que los controles cardiovasculares puedan realizarse tanto de manera programada como de forma oportunista, por ejemplo, cuando una persona consulta en atención primaria o participa en campañas específicas de detección. El documento también señala que los Estados miembros pueden considerar factores cardiovasculares hereditarios o genéticamente determinados según su situación epidemiológica, incluyendo Lp(a) elevada, hipercolesterolemia familiar y diabetes tipo 1.
Un cambio hacia una prevención cardiovascular más integral
En conjunto, la propuesta europea amplía considerablemente el concepto tradicional de chequeo cardiovascular. Ya no se trata únicamente de controlar presión arterial, colesterol y glicemia. La evaluación propuesta integra adiposidad abdominal, metabolismo glucídico, perfil lipídico completo, Lp(a), función renal, albuminuria, antecedentes familiares, hábitos de vida y, en adultos mayores, ECG, NT-proBNP y evaluación del ritmo cardíaco. La recomendación establece así un modelo de prevención cardiovascular progresivo a lo largo de la vida: una evaluación inicial en adultos jóvenes, controles sistemáticos desde los 35 años y una pesquisa más amplia de enfermedad cardiovascular potencialmente subclínica desde los 65 años. Es importante destacar que COM(2026) 481 es una propuesta de Recomendación del Consejo, por lo que no constituye todavía una obligación uniforme para los países de la Unión Europea. El propósito es proporcionar un marco común para que cada Estado miembro desarrolle programas de detección cardiovascular adaptados a sus propias características sanitarias y epidemiológicas.
Fuente: European Commission. Proposal for a Council Recommendation on cardiovascular health checks: an EU approach to early detection and screening. COM(2026) 481 final. Brussels: European Commission; 28 Sep 2026.