MÁS ALLÁ DEL IMC: LA ADIPOSIDAD CENTRAL REDEFINE EL RIESGO CARDIOVASCULAR
- Mar 11 de Ago 2026
- Sochob
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El índice de masa corporal (IMC) continúa siendo la herramienta antropométrica más utilizada para clasificar sobrepeso y obesidad, pero presenta una limitación fundamental: no informa sobre la distribución de la grasa corporal ni distingue adecuadamente entre masa grasa y masa magra. Por esta razón, puede ocultar una heterogeneidad importante en el riesgo cardiovascular, especialmente en personas con IMC normal pero con acumulación de grasa abdominal. Tanto el estudio original de Dardari y colaboradores como el editorial que lo acompaña en JACC refuerzan la necesidad de incorporar medidas de adiposidad central a la evaluación clínica.
El estudio analizó 259.388 adultos provenientes de 15 cohortes prospectivas, sin enfermedad coronaria conocida al inicio, con una mediana de seguimiento de 20 años. Se evaluaron la circunferencia de cintura (CC) y la relación cintura-cadera (RCC) en relación con nueve desenlaces cardiovasculares y de mortalidad, entre ellos infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, enfermedad coronaria, enfermedad cardiovascular global y mortalidad cardiovascular y por todas las causas. Los resultados muestran que el IMC puede subestimar o sobreestimar el riesgo cardiovascular. Entre las personas clasificadas con peso normal, un 5% presentaba una CC elevada y un 18% una RCC elevada, lo que demuestra que una proporción clínicamente relevante de individuos aparentemente “normales” por IMC presenta adiposidad central. En personas con peso normal o sobrepeso, una CC o RCC elevadas se asociaron con un incremento aproximado del 15% al 50% en el riesgo de la mayoría de los desenlaces estudiados.
El hallazgo inverso fue igualmente relevante. Entre las personas con obesidad según el IMC, 9% presentaba una CC baja y 45% una RCC baja. En quienes tenían obesidad pero una CC reducida, el riesgo de la mayoría de los eventos cardiovasculares no fue significativamente diferente del observado en personas con peso normal y cintura baja, aunque esta relación fue menos consistente cuando se utilizó la RCC y mostró diferencias entre hombres y mujeres. Esto demuestra que dos individuos con un IMC similar pueden tener perfiles de riesgo muy distintos dependiendo de su distribución de grasa corporal. La importancia de la adiposidad abdominal fue particularmente evidente entre las personas con obesidad. La fracción poblacional atribuible a una CC elevada alcanzó 48,9% para fibrilación auricular y 46,2% para insuficiencia cardíaca, cifras que reflejan el considerable impacto potencial de la adiposidad central sobre la carga cardiovascular.
El editorial destaca que estos datos apoyan especialmente el uso de la circunferencia de cintura, una medición sencilla que refleja la carga de grasa abdominal y que parece aportar información pronóstica adicional a lo largo de todo el espectro del IMC. En personas de peso normal, permitiría identificar un subgrupo con riesgo cardiovascular elevado que pasaría inadvertido si se utilizara únicamente el IMC. Además, el editorial vincula estos hallazgos con los resultados del estudio SELECT. En participantes tratados con semaglutida, una mayor reducción temprana de la circunferencia de cintura, pero no necesariamente una mayor pérdida de peso, se relacionó con un menor riesgo posterior de eventos cardiovasculares. Los autores plantean así la posibilidad de que parte del beneficio cardioprotector asociado a la pérdida de peso pueda depender de la reducción de la adiposidad central, aunque esta hipótesis requiere mayor investigación.
En conjunto, el estudio y su editorial apoyan un cambio relevante en la evaluación de la obesidad: el riesgo cardiovascular no depende únicamente de cuánto pesa una persona, sino también de dónde se acumula la grasa. El IMC sigue siendo útil, pero resulta insuficiente como medida única. Incorporar sistemáticamente la circunferencia de cintura —y, en determinadas circunstancias, la relación cintura-cadera— podría mejorar la identificación de pacientes con riesgo cardiometabólico oculto y permitir una estratificación cardiovascular más precisa. Como señalan los autores, estos hallazgos comienzan a “inclinar la balanza” desde una evaluación centrada exclusivamente en el IMC hacia una valoración más integral de la adiposidad central.
Fuente: SOCHOB
Referencias: Dardari ZA, Yao Z, Zhang J, et al. Risk reclassification beyond BMI by waist circumference and waist-to-hip ratio across 9 cardiovascular outcomes: results from the Cross-Cohort Collaboration. J Am Coll Cardiol. 2026;88(6):670-684.
Patel KV, Thangada ND. Tipping the scale away from body mass index? Waist-based measures of adiposity and cardiovascular disease risk. J Am Coll Cardiol 2026;88:685-687.