CUANDO LA OBESIDAD ENVEJECE

La obesidad no solo incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, cáncer y trastornos neurodegenerativos, sino que también puede acelerar procesos biológicos propios del envejecimiento. Ambas condiciones comparten resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado, estrés oxidativo, deterioro mitocondrial y alteraciones inmunitarias.

El tejido adiposo desempeña un papel central en esta relación. Su expansión excesiva produce hipertrofia de los adipocitos, hipoxia local e infiltración de células inmunitarias. Como consecuencia, aumenta la liberación de ácidos grasos libres, citoquinas proinflamatorias y especies reactivas de oxígeno, favoreciendo resistencia a la insulina, lipotoxicidad y disfunción mitocondrial. Se establece así un círculo vicioso entre inflamación y estrés oxidativo, similar al denominado inflammaging que acompaña al envejecimiento. La disfunción mitocondrial constituye otro punto de convergencia. En la obesidad disminuyen la biogénesis mitocondrial, la oxidación de ácidos grasos y la eficiencia en la producción de energía. El exceso de radicales libres daña proteínas, lípidos y ADN, perpetuando la inflamación y el deterioro celular. Este ambiente también puede favorecer el acortamiento de los telómeros y la acumulación de células senescentes, que liberan mediadores inflamatorios y amplifican la resistencia a la insulina y el daño tisular.

Entre las vías moleculares compartidas destacan insulina/IGF-1, AMPK, mTOR, PPAR, FOXO, las sirtuinas y PGC-1α. En la obesidad, la activación persistente de mTOR y la reducción de AMPK y SIRT1 favorecen lipogénesis, inflamación y deterioro mitocondrial. Por el contrario, la activación de AMPK, sirtuinas y PGC-1α mejora la oxidación de grasas, la biogénesis mitocondrial y la respuesta antioxidante. Estos mecanismos pueden explicar la aparición anticipada de enfermedades asociadas con la edad. En el hígado, favorecen la esteatosis y su progresión hacia esteatohepatitis, fibrosis y carcinoma hepatocelular. En el sistema nervioso, la resistencia a la insulina y el estrés oxidativo pueden acelerar procesos neurodegenerativos. En el cáncer, la hiperinsulinemia, el aumento de IGF-1, la inflamación y la hipoxia del tejido adiposo generan un microambiente favorable para la proliferación y progresión tumoral.

Desde el punto de vista terapéutico, destacan la restricción calórica sin malnutrición y el ejercicio físico. La pérdida de peso mejora la sensibilidad a la insulina, reduce los mediadores inflamatorios y disminuye el estrés oxidativo. El ejercicio ejerce efectos antiinflamatorios, preserva la masa libre de grasa y mejora la oxidación lipídica y la utilización de glucosa, incluso sin una reducción importante del peso corporal. También se analizan compuestos como metformina, rapamicina, acarbosa, inhibidores de SGLT2, resveratrol y activadores de sirtuinas. Sin embargo, gran parte de la evidencia sobre longevidad y senescencia proviene de modelos experimentales, por lo que todavía no puede considerarse una terapia antienvejecimiento establecida en humanos.

En conclusión, la obesidad podría acelerar el envejecimiento biológico mediante inflamación crónica, estrés oxidativo, disfunción mitocondrial, senescencia celular y alteraciones de las vías de regulación energética. Su tratamiento oportuno podría no solo reducir las comorbilidades tradicionales, sino también atenuar parte del deterioro asociado con la edad.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Zhang R, Liu L, Shi X, et al. Obesity accelerates aging: Mechanisms and therapeutic implications, Genes & Diseases, Volume 13, Issue 5, 2026, 101980.