NUEVO CONSENSO ADA/EASD 2026 EN DIABETES TIPO 2

El nuevo consenso 2026 de la American Diabetes Association (ADA) y la European Association for the Study of Diabetes (EASD) propone un cambio profundo en el abordaje de la diabetes tipo 2 (DMT2). El tratamiento deja de centrarse principalmente en la reducción de la glicemia y pasa a un modelo de atención integral, anticipatoria y centrada en la persona, dirigido simultáneamente al control glicémico, el peso, el riesgo cardiovascular y renal, la insuficiencia cardíaca, la enfermedad hepática y las múltiples condiciones crónicas asociadas.    

La DMT2 se entiende como una enfermedad compleja que requiere individualizar objetivos y tratamientos según características clínicas, preferencias, contexto social y comorbilidades. Desde el diagnóstico, la evaluación debería ir más allá de las complicaciones microvasculares tradicionales e incorporar riesgo cardiovascular, renal, hepático, insuficiencia cardíaca, salud mental y otras enfermedades relacionadas con la obesidad. Uno de los cambios conceptuales más importantes es considerar el exceso de adiposidad como un impulsor central de la fisiopatología de la DMT2. Por ello, el manejo del peso adquiere una relevancia comparable al control glicémico. El consenso destaca que pérdidas de aproximadamente 10–15% del peso corporal pueden modificar la evolución de la enfermedad y aumentar la posibilidad de remisión en pacientes seleccionados.    

La intervención sobre el estilo de vida sigue siendo fundamental. La alimentación debe ser personalizada, sostenible y de buena calidad, sin existir una distribución única ideal de macronutrientes. La dieta mediterránea presenta la evidencia más consistente en cuanto a beneficios metabólicos y cardiovasculares. Dietas bajas en carbohidratos, cetogénicas y estrategias de ayuno intermitente pueden ser útiles a corto plazo, aunque requieren individualización y precaución en determinados tratamientos.   La remisión de la DMT2 ocupa ahora un lugar destacado. El estudio DiRECT demostró que una intervención intensiva basada en una dieta de muy bajo aporte energético permitió alcanzar remisión en el 46% al año, aunque mantenerla a largo plazo continúa siendo difícil. Una menor duración de la diabetes, mejor función beta pancreática, menor edad y mayor pérdida ponderal aumentan la probabilidad de lograrla.    

El documento incorpora además el enfoque de las “cinco S” para las conductas de 24 horas: standing, stepping, sweating, strengthening y sleep. En términos prácticos, significa reducir el sedentarismo, caminar más, realizar ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza y cuidar el sueño. Se recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada-vigorosa, junto con ejercicio de resistencia dos o tres veces por semana. El cambio farmacológico más relevante es el abandono de una estrategia estrictamente secuencial. El consenso propone que muchas personas con DMT2 deberían recibir precozmente, incluso potencialmente desde el diagnóstico, un inhibidor SGLT2, una terapia basada en GLP-1 o ambos, con el objetivo no solo de reducir la glicemia, sino también de proteger corazón, riñón y otros órganos y favorecer el control del peso. En este contexto, la metformina continúa siendo útil, pero deja de ser un requisito obligatorio antes de utilizar tratamientos con beneficio cardiorrenal. En personas con enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal crónica, los inhibidores SGLT2 y las terapias basadas en GLP-1 pueden indicarse independientemente del uso previo de metformina.

Los inhibidores SGLT2 ocupan un papel central en insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica, mientras que las terapias basadas en GLP-1 —incluidos los agonistas GLP-1 y tirzepatida— adquieren un papel mucho más amplio por sus efectos sobre glicemia, peso, riesgo cardiovascular y, en determinados escenarios, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada y MASLD. El consenso también considera cada vez más la combinación de un inhibidor SGLT2 con una terapia basada en GLP-1, particularmente en personas con enfermedad cardiovascular o renal, dado que sus beneficios pueden ser complementarios. Esta combinación puede contemplarse incluso independientemente de la HbA1c cuando el objetivo prioritario es la protección orgánica.

El manejo del peso se convierte en un objetivo terapéutico explícito. En personas con sobrepeso u obesidad se favorecen fármacos que produzcan pérdida ponderal y se enfatiza la necesidad de mantener el peso perdido. Asimismo, el documento presta especial atención a la preservación de masa y función muscular, destacando la importancia del ejercicio de resistencia durante tratamientos capaces de inducir pérdidas importantes de peso.

La cirugía metabólica continúa siendo una alternativa relevante y debe considerarse especialmente en pacientes con DMT2 e IMC elevado. El consenso reconoce su capacidad para inducir pérdidas de peso importantes y aumentar la posibilidad de remisión, aunque requiere selección cuidadosa y seguimiento multidisciplinario prolongado. La insulinoterapia sigue siendo necesaria cuando otras intervenciones no permiten alcanzar los objetivos o existe hiperglicemia importante. Sin embargo, cuando se requiere insulina, se recomienda habitualmente iniciar con insulina basal, manteniendo, cuando corresponda, tratamientos con beneficio cardiorrenal y sobre el peso. También se reconoce la incorporación de insulinas semanales y nuevas combinaciones de insulina con terapias incretínicas.

Para la mayoría de los adultos no gestantes, un objetivo razonable de HbA1c continúa alrededor de 6,5–7%, individualizándolo según edad, comorbilidades, riesgo de hipoglicemia y expectativa de vida. En monitorización continua de glucosa, el objetivo general permanece como un tiempo en rango de 70–180 mg/dL superior al 70%. El mensaje final del consenso es que el tratamiento moderno de la DMT2 debe abandonar la pregunta exclusiva de “cómo bajar la HbA1c” y centrarse en cómo modificar la evolución global de la enfermedad. El peso, la función muscular, la alimentación, el ejercicio, el sueño, la salud mental, la protección cardiovascular, renal y hepática y los determinantes sociales deben integrarse en una única estrategia terapéutica. En síntesis, el ADA/EASD 2026 propone utilizar de manera más temprana, personalizada y combinada las herramientas actualmente disponibles, especialmente inhibidores SGLT2 y terapias basadas en GLP-1, con el objetivo de reducir no solo la hiperglicemia, sino también la carga global de enfermedad y mejorar los resultados a largo plazo.    

Fuente: SOCHOB

Referencia:  Davies MJ, Aroda VR, Bajaj M, et al. Management of type 2 diabetes, 2026. A consensus report by the American Diabetes Association (ADA) and the European Association for the Study of Diabetes (EASD). Diabetologia. 2026. Published:

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