NUTRICIÓN Y SALUD CARDIOVASCULAR: LOS PRINCIPALES MENSAJES DEL NUEVO SCIENTIFIC STATEMENT ACC 2026

El nuevo Scientific Statement 2026 del American College of Cardiology (ACC), Food and Health: Nutrition for Prevention and Management of Cardiovascular Disease, sitúa a la alimentación como uno de los pilares fundamentales de la prevención y el tratamiento de la enfermedad cardiovascular y de todo el continuo cardiovascular-reno-metabólico, que incluye obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica. El documento marca además un cambio conceptual importante: más que concentrarse en nutrientes aislados o en porcentajes específicos de carbohidratos, grasas y proteínas, propone valorar principalmente la calidad global de los alimentos, su fuente y su grado de procesamiento.   

En este sentido, la ACC considera que los patrones alimentarios con mayor respaldo cardiovascular son aquellos predominantemente vegetales y basados en alimentos mínimamente procesados. Los patrones Mediterráneo, DASH y vegetariano, aunque difieren en algunos componentes, comparten una elevada presencia de verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales, junto con un predominio de grasas insaturadas y una menor ingesta de sodio, carnes rojas y procesadas, cereales refinados y bebidas azucaradas. Estos patrones se asocian con mejoras de la presión arterial, perfil lipídico, control glicémico, inflamación y peso corporal, además de una menor incidencia de enfermedad cardiovascular y mortalidad.    

La calidad importa más que la cantidad de macronutrientes

Uno de los mensajes centrales es que no todos los carbohidratos, grasas o proteínas son equivalentes. El riesgo cardiovascular depende en gran medida de qué alimentos aportan esos macronutrientes. En el caso de las grasas, la recomendación es reemplazar las grasas saturadas por grasas insaturadas procedentes principalmente de aceites vegetales líquidos, frutos secos, semillas y pescado. La sustitución de grasas saturadas por poliinsaturadas reduce el LDL-C y se asocia con una menor incidencia de enfermedad coronaria; por el contrario, reemplazar las grasas saturadas por carbohidratos refinados o azúcares agregados no proporciona el mismo beneficio.     Para los carbohidratos, se enfatizan los cereales integrales y los alimentos ricos en fibra, mientras que deberían reducirse los azúcares agregados y los almidones refinados, especialmente las bebidas azucaradas. En cuanto a las proteínas, el documento favorece una mayor utilización de fuentes vegetales —legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales— frente a las fuentes animales, especialmente carnes rojas y procesadas. En síntesis, la ACC considera que la fuente y la calidad de los macronutrientes son más relevantes que su proporción relativa dentro de la dieta.    

Sodio, potasio y fibra

El sodio continúa ocupando un lugar destacado. El documento recomienda limitar su consumo a menos de 2.300 mg/día y, de manera ideal, a menos de 1.500 mg/día para la mayoría de los adultos. En ensayos controlados, las dietas bajas o muy bajas en sodio han producido reducciones promedio de aproximadamente 6–8 mmHg de presión arterial sistólica frente a dietas con alto contenido de sodio. Simultáneamente, se recomienda aumentar el aporte de potasio mediante frutas, verduras y legumbres. Los sustitutos de sal enriquecidos con potasio pueden ser útiles para disminuir la presión arterial y los eventos cardiovasculares, aunque deben emplearse con precaución en personas con enfermedad renal avanzada o riesgo de hiperpotasemia.  La fibra dietaria constituye otro componente clave. Las dietas ricas en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas se asocian con reducciones de presión arterial, glicemia, colesterol total y LDL-C, además de menor riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y mortalidad. El documento señala que gran parte de los beneficios se observa con consumos de al menos 25 g/día, aunque pueden existir ventajas adicionales con ingestas mayores.    

Pescado sí; suplementos de omega-3 no de forma rutinaria

La ACC considera que los ácidos grasos omega-3 de cadena larga deben obtenerse preferentemente mediante el consumo regular de pescado dentro de un patrón alimentario saludable. No recomienda la suplementación rutinaria con omega-3 para prevención cardiovascular primaria. Reconoce, sin embargo, que dosis altas de EPA pueden beneficiar a determinados pacientes de alto riesgo con triglicéridos elevados, aunque algunos ensayos han descrito un aumento de fibrilación auricular con suplementos de omega-3.    

Alimentos ultraprocesados: una visión más matizada

La declaración recomienda reducir los alimentos ultraprocesados, especialmente bebidas azucaradas, carnes procesadas y productos ricos en almidones refinados, azúcares agregados, sodio o grasas no saludables. Sin embargo, introduce una precisión importante: los ultraprocesados constituyen una categoría heterogénea y no todos parecen tener el mismo riesgo. Algunos productos clasificados como ultraprocesados, como ciertos panes integrales, yogures o cereales, se han asociado incluso con menor riesgo de diabetes tipo 2 o enfermedad cardiovascular. Por ello, el grado de procesamiento debe evaluarse junto con la calidad nutricional y la matriz alimentaria.    

Alcohol, café y edulcorantes

Respecto del alcohol, el mensaje es claro: no debe recomendarse iniciar su consumo con fines cardiovasculares. Aunque estudios observacionales han asociado una ingesta baja o moderada con menor incidencia de enfermedad coronaria, la causalidad es incierta. Además, el alcohol aumenta la presión arterial de manera dependiente de la dosis y puede incrementar el riesgo de fibrilación auricular; también se relaciona con varios tipos de cáncer.  Por el contrario, el consumo moderado de café filtrado o té, aproximadamente 2–5 tazas diarias y hasta unos 400 mg de cafeína al día, se considera seguro para la mayoría de los adultos y se ha asociado observacionalmente con menor riesgo cardiometabólico. El documento advierte que el café no filtrado puede elevar el LDL-C debido a su contenido de cafestol.    

La postura frente a los edulcorantes no nutritivos es especialmente prudente. La ACC considera que la evidencia sobre sus consecuencias metabólicas y cardiovasculares a largo plazo sigue siendo inconclusa. Reconoce el problema de causalidad reversa y confusión residual de los estudios observacionales que los asocian con obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular, y señala que ensayos y análisis de sustitución sugieren que reemplazar bebidas azucaradas por bebidas con edulcorantes puede proporcionar beneficios modestos sobre el peso y el metabolismo. Sin embargo, para el consumo habitual recomienda preferir agua y otras bebidas sin endulzar.    

Diabetes y dietas bajas en carbohidratos

En personas con diabetes tipo 2, las dietas bajas en carbohidratos constituyen una opción válida para mejorar el control glicémico y pueden contribuir a la reducción del peso. El documento señala que disminuir el índice y la carga glicémica también produce beneficios; en un metaanálisis citado, las dietas de bajo índice/carga glicémica redujeron la HbA1c aproximadamente 0,31 puntos porcentuales frente a dietas de mayor índice glicémico. Sin embargo, la ACC distingue el beneficio glicémico de los posibles efectos cardiovasculares de dietas extremadamente restrictivas. Las dietas muy bajas en carbohidratos pueden provocar una pérdida de peso rápida inicialmente, pero sus ventajas sobre dietas equilibradas con restricción calórica tienden a disminuir a largo plazo, y algunas dietas cetogénicas ricas en grasas saturadas pueden elevar el LDL-C.    

Ayuno intermitente

El ayuno intermitente se considera una estrategia potencialmente útil para reducir peso y mejorar algunos parámetros metabólicos a corto plazo en determinados pacientes. No obstante, la declaración destaca que todavía existe evidencia insuficiente sobre sus beneficios cardiovasculares y metabólicos a largo plazo, por lo que no se presenta como un patrón superior a las estrategias alimentarias convencionales.   

Un punto particularmente novedoso: nutrición durante el tratamiento con agonistas GLP-1

El documento incorpora explícitamente a los agonistas del receptor GLP-1 dentro del nuevo escenario de tratamiento cardiometabólico. Reconoce sus importantes beneficios en reducción del peso y del riesgo cardiovascular, pero enfatiza que el tratamiento farmacológico no reemplaza una alimentación de alta calidad. En pacientes que reciben estos medicamentos debe prestarse especial atención a una ingesta suficiente de proteínas, fibra, vitaminas y minerales, particularmente en contextos de reducción marcada de la ingesta energética y pérdida rápida de peso. El documento también llama la atención sobre el riesgo de pérdida de masa magra, sarcopenia o malnutrición en pacientes susceptibles. Propone integrar alimentación rica en nutrientes, aporte proteico suficiente, ejercicio de resistencia, adecuada hidratación y seguimiento nutricional durante la terapia. En otras palabras, la nueva farmacoterapia para la obesidad debe ir acompañada de una estrategia nutricional destinada no solo a maximizar la pérdida de grasa, sino también a preservar músculo y calidad nutricional.

“Food Is Medicine”: llevar la nutrición a la práctica clínica

Otra área destacada es el concepto de Food Is Medicine, que utiliza la provisión de alimentos saludables como una intervención sanitaria. Estos programas incluyen comidas adaptadas médicamente, alimentos prescritos según enfermedades específicas o programas de prescripción de frutas y verduras. La ACC considera que existe evidencia creciente de que estas intervenciones mejoran la calidad de la dieta y potencialmente los resultados clínicos, aunque todavía se necesita ampliar la evidencia y desarrollar modelos sostenibles de implementación. El documento reconoce además que las decisiones alimentarias no dependen únicamente de la voluntad individual. La disponibilidad, precio, accesibilidad, educación nutricional y entorno social condicionan profundamente la calidad de la alimentación. Por ello, la prevención cardiovascular requiere combinar la consulta clínica con estrategias poblacionales y políticas alimentarias.  

El mensaje final del ACC 2026

La principal conclusión es relativamente simple pero clínicamente relevante: una dieta cardioprotectora no se define por un único nutriente ni por una distribución rígida de macronutrientes. Se caracteriza por alimentos predominantemente vegetales, ricos en fibra y mínimamente procesados; cereales integrales, legumbres, frutas, verduras, frutos secos y semillas; grasas principalmente insaturadas y fuentes saludables de proteínas, junto con una reducción del sodio, bebidas azucaradas, carnes procesadas y ultraprocesados de baja calidad nutricional. En conjunto, el ACC Scientific Statement 2026 propone pasar de la clásica pregunta de “¿cuánto carbohidrato, grasa o proteína?” a una pregunta probablemente más relevante para la práctica clínica: “¿de qué alimentos provienen esos nutrientes y qué tan procesados están?”. Esta perspectiva integra alimentación, obesidad, diabetes, enfermedad renal y riesgo cardiovascular en un mismo continuo y, al mismo tiempo, incorpora al escenario moderno las terapias GLP-1, la nutrición personalizada y los programas Food Is Medicine.    

Fuente: SOCHOB

Referencia: Hu FB, Beleslin B, Blaha MJ, et al. Food and health: nutrition for prevention and management of cardiovascular disease: 2026 ACC scientific statement: a report of the American College of Cardiology. J Am Coll Cardiol. 2026.