EXPOSICIÓN CRÓNICA AL FRÍO Y PÉRDIDA DE PESO

Durante la última semana, diversos medios científicos y de salud difundieron los resultados de un estudio presentado en el reciente European Congress on Obesity 2026, que evaluó el efecto de la exposición diaria al frío sobre la composición corporal en adultos con sobrepeso u obesidad. Los hallazgos han despertado interés debido a que sugieren una estrategia simple, de bajo costo y potencialmente complementaria a las intervenciones convencionales para el manejo de la obesidad.

La investigación fue desarrollada por equipos de la University of Nottingham y del Leiden University Medical Center. En el estudio participaron 47 adultos con sobrepeso u obesidad, quienes fueron asignados a un grupo de intervención o a un grupo control. Los participantes del grupo experimental utilizaron diariamente un chaleco refrigerante y una banda abdominal enfriada a aproximadamente 15 °C durante dos horas cada mañana, durante un período total de seis semanas.  Al finalizar el seguimiento, los individuos expuestos al frío presentaron una reducción promedio de aproximadamente 0,9 kg de peso corporal (cerca de 2 libras), mientras que el grupo control mostró una ganancia media de 0,6 kg. El análisis de composición corporal indicó que la mayor parte de la pérdida correspondió a tejido adiposo, con preservación relativa de la masa magra.

Los investigadores atribuyen estos efectos a la activación del tejido adiposo pardo, un tipo especializado de grasa metabólicamente activa capaz de disipar energía en forma de calor mediante un proceso denominado termogénesis adaptativa. La exposición repetida al frío también estimularía la actividad muscular involuntaria y aumentaría el gasto energético basal, favoreciendo la movilización de reservas lipídicas.

Además del posible efecto sobre la reducción de grasa corporal, los autores plantean que la activación sostenida del tejido adiposo pardo podría ejercer beneficios metabólicos más amplios, incluyendo mejoras en el metabolismo de la glucosa, el perfil lipídico y los marcadores inflamatorios, factores estrechamente relacionados con el riesgo cardiovascular. Sin embargo, estas hipótesis requieren confirmación mediante estudios específicamente diseñados para evaluar desenlaces metabólicos.

Un aspecto particularmente relevante es que los investigadores consideran que otras formas de exposición moderada al frío, como las duchas frías diarias o la natación en agua fría, podrían generar respuestas fisiológicas similares. Actualmente se encuentran en desarrollo estudios adicionales destinados a determinar si estas alternativas son capaces de reproducir los beneficios observados con los chalecos refrigerantes.  Pese al entusiasmo generado por los resultados, los expertos enfatizan que la magnitud de la pérdida de peso observada fue modesta y que esta intervención no debe interpretarse como un sustituto de la alimentación saludable, la actividad física ni de los tratamientos farmacológicos o quirúrgicos indicados para la obesidad. Asimismo, los datos presentados corresponden a resultados preliminares expuestos en un congreso científico y aún no han sido publicados en una revista revisada por pares.

Implicancias clínicas

La exposición controlada al frío emerge como una estrategia prometedora para modular el gasto energético y favorecer una reducción modesta de la grasa corporal en personas con sobrepeso u obesidad. Aunque los resultados iniciales son alentadores, la evidencia disponible sigue siendo limitada y se requieren ensayos clínicos de mayor tamaño y duración para establecer su eficacia, seguridad y aplicabilidad en la práctica clínica. Por el momento, los chalecos refrigerantes podrían considerarse una intervención complementaria dentro de un abordaje integral de la obesidad, más que una terapia independiente.

Fuente:SOCHOB

Referencia: Mariëtte Boon, European Congress on Obesity 2026