HACIA UN MARCO DIAGNÓSTICO UNIVERSAL DE LA OBESIDAD

Se plantea la necesidad de desarrollar un marco diagnóstico universal de la obesidad, consensuado internacionalmente y aplicable en la práctica clínica, la investigación y las políticas sanitarias. Los autores cuestionan la dependencia histórica del índice de masa corporal (IMC), establecido como criterio diagnóstico predominante desde mediados del siglo XX, pese a sus limitaciones para caracterizar adecuadamente la adiposidad y el riesgo individual.

Aunque el IMC es sencillo, ampliamente conocido y está integrado en los sistemas asistenciales, no permite diferenciar masa grasa de masa muscular, evaluar la distribución visceral o ectópica de la grasa, estimar la aptitud cardiorrespiratoria ni identificar alteraciones metabólicas y endocrinas del tejido adiposo. Por ello, personas con el mismo IMC pueden presentar composiciones corporales, grados de disfunción adiposa y riesgos clínicos muy diferentes. En respuesta a estas limitaciones, diversas sociedades científicas han propuesto modelos complementarios. Entre ellos se encuentran el concepto de enfermedad crónica basada en la adiposidad, que prioriza el exceso o la disfunción del tejido adiposo; el marco europeo, que incorpora alteraciones médicas, funcionales o psicológicas incluso con IMC desde 25 kg/m²; el concepto de trastorno metabólico sistémico, centrado en la grasa ectópica, la resistencia a la insulina y la inflamación; el Sistema de Estadificación de la Obesidad de Edmonton, orientado a graduar complicaciones; y la propuesta de la Comisión Lancet, que diferencia obesidad preclínica de obesidad clínica según la presencia de disfunción orgánica o limitación física.

Sin embargo, la coexistencia de múltiples definiciones y sistemas ha generado confusión y una implementación fragmentada. En la práctica, muchos profesionales continúan utilizando exclusivamente el IMC porque resulta familiar, fácil de calcular y compatible con los flujos clínicos actuales. Los autores sostienen que los diferentes modelos no son necesariamente contradictorios, sino que responden a dimensiones distintas, como la clasificación de la enfermedad, la detección precoz, la gravedad, los mecanismos fisiopatológicos y la priorización terapéutica. La propuesta central es que las principales organizaciones científicas colaboren en un proceso internacional y multisocietario para armonizar conceptos y establecer criterios diagnósticos comunes. Como precedentes, se mencionan la unificación de los criterios diagnósticos de diabetes y la definición universal de infarto de miocardio, alcanzadas después de períodos de desacuerdo entre sociedades profesionales.

El desafío es mayor en obesidad porque no existe un biomarcador único con un umbral universalmente aceptado y los puntos de corte del IMC varían según la región y el origen étnico. El nuevo marco debería combinar validez científica, aplicabilidad clínica y simplicidad operativa, evitando tanto el estigma hacia las personas con obesidad como una complejidad diagnóstica innecesaria. Finalmente, los autores destacan que la adopción de una definición universal requerirá cambios coordinados en la formación médica, las historias clínicas electrónicas, los sistemas de codificación, las agencias regulatorias, las políticas de reembolso y los flujos de atención. En un contexto de creciente reconocimiento de la obesidad como enfermedad crónica y de rápida expansión de los tratamientos farmacológicos, avanzar hacia un marco común permitiría mejorar la identificación de los pacientes, estratificar su riesgo, orientar el tratamiento y reducir la actual fragmentación del manejo clínico.

Fuente: SOCHOB

Referencia: Zahid S, Yao Z, Peng AW, et al. A call for a universal diagnosis of obesity framework. Obesity (Silver Spring). 2026;0:1-2