ADELGAZAR DESPUÉS DE LOS 65: ¿TODO SON BENEFICIOS?

Los nuevos fármacos para bajar de peso están cambiando la manera de tratar la obesidad. Tratamientos como la semaglutida y la tirzepatida han demostrado que pueden ayudar a perder una cantidad importante de peso y mejorar problemas de salud relacionados con la obesidad, como la diabetes tipo 2 y algunas enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, cuando se trata de personas mayores, surge una pregunta fundamental: ¿bajar de peso siempre significa mejorar la salud?
Un artículo publicado en la revista científica Journal of the American Geriatrics Society aborda precisamente esta cuestión y propone una manera más completa y personalizada de utilizar estos tratamientos en adultos mayores. Su mensaje principal es sencillo: no se trata solamente de perder kilos, sino de hacerlo sin perjudicar la fuerza, la movilidad, la independencia ni la calidad de vida. A medida que envejecemos, nuestro cuerpo experimenta cambios naturales. Uno de los más importantes es la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, mientras que la grasa tiende a acumularse con mayor facilidad, especialmente alrededor de los órganos abdominales. Por eso, una persona mayor puede tener obesidad y, al mismo tiempo, músculos debilitados. Esta combinación, conocida como obesidad sarcopénica, aumenta el riesgo de caídas, dificultades para caminar, pérdida de independencia y problemas para realizar actividades tan cotidianas como levantarse de una silla o subir escaleras. Los nuevos fármacos para la obesidad pueden ser muy beneficiosos, pero también plantean algunos desafíos. Cuando una persona pierde una cantidad importante de peso, no elimina solamente grasa: también puede perder parte de su masa muscular. En alguien joven y físicamente activo, esto puede tener consecuencias diferentes a las que tendría en una persona de 80 años con poca fuerza o dificultades para desplazarse.
Además, estos tratamientos pueden provocar náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento o una disminución importante del apetito. Aunque muchas veces estos efectos son transitorios, en personas mayores pueden favorecer una alimentación insuficiente, deshidratación y pérdida de nutrientes esenciales. Por eso, bajar muchos kilos en poco tiempo no siempre es una buena noticia si, al mismo tiempo, se pierde fuerza o capacidad para desenvolverse de manera independiente. También existe otro problema: aunque estos fármacos han sido estudiados en adultos mayores, todavía se dispone de menos información sobre sus efectos en personas de edad muy avanzada, especialmente aquellas que presentan fragilidad, problemas de memoria, dificultades para movilizarse o varias enfermedades al mismo tiempo. Para ayudar a los médicos a tomar mejores decisiones, los autores proponen utilizar un modelo conocido como las 5M de la geriatría. Se trata de cinco aspectos que deberían considerarse antes de indicar un tratamiento para bajar de peso en una persona mayor. El primero es la salud mental y la memoria. Es importante saber si la persona tiene dificultades para recordar indicaciones, administrar sus fármacos o reconocer posibles efectos adversos. El segundo es la movilidad, es decir, cómo camina, qué fuerza tiene, si presenta problemas de equilibrio y si puede realizar sus actividades habituales sin ayuda. El tercer aspecto son los fármacos que ya utiliza. Muchas personas mayores toman varios tratamientos para controlar la diabetes, la presión arterial, el colesterol u otras enfermedades. Agregar un nuevo fármaco obliga a revisar posibles interacciones, efectos adversos y la necesidad de ajustar otros tratamientos. El cuarto considera la salud en su conjunto. No es lo mismo tratar a una persona de 70 años activa, independiente y con buena fuerza muscular que a otra de 85 años con fragilidad, dificultades para alimentarse y múltiples enfermedades. Aunque ambas tengan obesidad, sus necesidades y los posibles beneficios del tratamiento pueden ser muy diferentes. Finalmente, el quinto aspecto es quizás el más importante: qué es lo que realmente le importa a cada persona. Para algunos, el objetivo puede ser mejorar la diabetes, reducir el dolor de rodillas o caminar con menos dificultad. Para otros, lo fundamental puede ser mantener su independencia, evitar hospitalizaciones o seguir realizando las actividades que disfrutan.
Este enfoque recuerda que no todas las personas mayores necesitan perder la misma cantidad de peso ni hacerlo a la misma velocidad. En una persona activa, con obesidad y problemas metabólicos, bajar de peso puede mejorar considerablemente su salud. En cambio, en alguien con músculos muy debilitados o problemas de alimentación, una pérdida excesiva de peso podría terminar causando más dificultades que beneficios. Por eso, los especialistas insisten en que el tratamiento farmacológico debe acompañarse de una buena alimentación y actividad física adaptada a cada persona. Consumir suficientes proteínas, mantener una alimentación equilibrada y realizar ejercicios de fuerza, siempre que las condiciones físicas lo permitan, son medidas fundamentales para proteger los músculos. Caminar es beneficioso, pero también es importante trabajar la fuerza muscular mediante ejercicios sencillos y seguros, como levantarse repetidamente de una silla, utilizar bandas elásticas o realizar movimientos de resistencia supervisados. El objetivo no es desarrollar grandes músculos, sino conservar la fuerza necesaria para caminar, mantener el equilibrio y realizar las tareas diarias. El seguimiento médico también debe ir mucho más allá de controlar el número que aparece en la balanza. Es importante comprobar si la persona conserva su fuerza, camina con facilidad, mantiene una alimentación suficiente y continúa realizando sus actividades habituales. En algunos casos, perder menos peso, pero conservar una buena condición física, puede ser más beneficioso que lograr una reducción muy importante acompañada de debilidad.Otro punto que destacan los autores es que estos tratamientos suelen necesitar mantenerse durante períodos prolongados. Cuando se suspenden, es frecuente recuperar parte del peso perdido. Por eso, antes de comenzar, conviene conversar sobre los beneficios esperados, los posibles efectos adversos, el costo, la duración del tratamiento y las preferencias personales. La decisión debe revisarse periódicamente, ya que las necesidades de salud pueden cambiar con el paso de los años.
La conclusión es que los nuevos fármacos para la obesidad representan una oportunidad importante para mejorar la salud de muchas personas mayores, pero no deben utilizarse pensando solamente en adelgazar. El verdadero éxito consiste en reducir los problemas asociados con el exceso de grasa corporal y, al mismo tiempo, conservar los músculos, la movilidad y la capacidad de vivir de manera independiente. Porque, después de cierta edad, no se trata simplemente de pesar menos, sino de vivir mejor, mantener la fuerza y seguir disfrutando de una vida activa y autónoma.
Fuente: SOCHOB (03-11-26)