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MENOPAUSIA, OBESIDAD Y RIESGO CARDIOVASCULAR

La menopausia es una etapa natural en la vida de las mujeres, pero también representa un período de importantes cambios que pueden afectar el peso corporal, el sueño, el estado de ánimo y la salud del corazón. Durante estos años, muchas mujeres experimentan un aumento de peso y cambios en su metabolismo, lo que puede incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, especialmente cuando existe sobrepeso u obesidad.

La Asociación Americana del Corazón y la Sociedad de la Menopausia de Estados Unidos advierten que esta etapa constituye una oportunidad especialmente importante para prevenir problemas de salud que podrían manifestarse años después. Las enfermedades cardiovasculares, como los infartos cardíacos y los accidentes cerebrovasculares, son la principal causa de muerte entre las mujeres. Sin embargo, muchas desconocen esta realidad. De hecho, se estima que alrededor del 90% de las mujeres presenta al menos un factor de riesgo cardiovascular al llegar a la menopausia, incluso cuando nunca ha tenido problemas del corazón. Durante los años previos a la menopausia, conocidos como perimenopausia, pueden aparecer síntomas como bochornos, sudoración nocturna, cansancio, dificultades para dormir, ansiedad, palpitaciones y aumento de peso. Al mismo tiempo, pueden producirse cambios menos evidentes, pero igualmente importantes, como el aumento del colesterol LDL, conocido como colesterol malo, y una mayor rigidez de las arterias. Estas alteraciones pueden favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares con el paso del tiempo.

La obesidad adquiere especial importancia durante esta etapa, porque puede acompañarse de presión arterial elevada, alteraciones del colesterol y aumento de la glicemia, factores que incrementan el riesgo de enfermedades del corazón. Por ello, mantener un peso saludable y controlar periódicamente estos indicadores resulta fundamental. Otro aspecto relevante es la relación entre la menopausia, el sueño y el bienestar emocional. Un estudio realizado en más de 83.000 mujeres encontró que aproximadamente una de cada cuatro podría desarrollar fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco, en algún momento de su vida después de la menopausia. El insomnio y las situaciones de estrés también se identificaron como factores relacionados con este problema. Asimismo, la depresión y los trastornos del sueño se han asociado con un mayor riesgo cardiovascular.

Los especialistas destacan que la prevención no debe centrarse únicamente en el peso o el colesterol. También es importante cuidar la presión arterial, la glicemia, la salud de los riñones, la calidad del sueño y el bienestar emocional. Mantenerse físicamente activa, seguir una alimentación saludable, descansar adecuadamente y controlar el estrés son medidas que pueden contribuir a reducir los riesgos. Además, cada mujer vive la menopausia de manera diferente. Algunas presentan síntomas intensos, mientras que otras experimentan cambios mínimos. Por esta razón, es recomendable mantener controles médicos periódicos y evaluar individualmente los factores de riesgo y las necesidades de tratamiento. En definitiva, la menopausia no debe considerarse una enfermedad, sino una etapa de la vida que ofrece una valiosa oportunidad para cuidar la salud. Aunque no provoca directamente enfermedades cardiovasculares, los cambios que ocurren durante esta transición pueden aumentar el riesgo, especialmente en mujeres con obesidad u otros problemas metabólicos. Identificar estos cambios a tiempo y adoptar medidas preventivas puede marcar una diferencia importante en la salud, el bienestar y la calidad de vida durante los años siguientes.

Fuente: SOCHOB (13/10/26)